El artículo «Cypherpunks, el origen», publicado en el n.º 11 de ÁGORA, narraba de forma cronológica los acontecimientos que dieron lugar a la creación de los cypherpunks, un grupo que nació en 1992 gracias a Timothy C. May, John Gilmore y Eric Hughes. En esta ocasión, recuperamos esta interesante historia repasando el contenido del único documento que recoge el pensamiento original cypherpunk: el «Cyphernomicon».

El texto fue registrado el 10 de septiembre de 1994 por Timothy May, el mismo autor de otro documento esencial en la cultura crypto: el «Manifiesto criptoanarquista» (1988).

«Cyphernomicon puede ayudar a completar algunos vacíos sobre lo que somos, lo que nos motiva y hacia dónde nos dirigimos. Y quizá algunos conocimientos útiles sobre crypto, remailers, anonimato, efectivo digital y otras cosas interesantes». [1.2]

«Cyphernomicon»: contexto y motivación

Una vez que los cypherpunks se constituyeron como grupo, sus debates se realizaban de forma digital mediante mails enviados en la ya famosa «lista de correo cypherpunk». Personas de alto talento y profundo conocimiento no tardaron en unirse a esta conversación. Según Timothy May, en menos de dos años, la lista de correo tenía suscritas entre 500 y 700 personas, y el debate se centraba en la búsqueda de mejoras en la privacidad y la libertad de la sociedad a través de la criptología.

Como resultado de esa frenética actividad de intercambio y transferencia de conocimiento, May consideró oportuno redactar una recopilación de los temas principales que se abordaban dentro del grupo. El estilo elegido para exponer el contenido fue simple. El «Cyphernomicon» se encuentra estructurado en una lista de veinte secciones principales, y dentro de cada una de ellas se desglosan los subtemas relacionados con apuntes, preguntas y respuestas.

En sí mismo, el «Cyphernomicon» constituye un extenso FAQ (Frequently Asked Questions) no oficial sobre las inquietudes y cuestiones del grupo. El contenido del mismo no es algo que los miembros consensuaron ni pactaron: surgió en forma y fondo de la mente de May, pero fue aceptado por la amplia mayoría de los participantes de la lista, sin que eso implicase en modo alguno compartir las ideas reflejadas. Hoy en día se trata de un documento histórico cuyos focos de discusión siguen adecuándose a la actualidad.

Línea editorial y descargo de responsabilidad

Al contrario de lo que se pueda deducir, May aplicó una serie de derechos de autor al «Cyphernomicon» debido a que, como él mismo explica, su principal preocupación «era la facilidad con la que las personas renombraban los documentos como propios, incluso después de sólo haber cambiado unas palabras aquí y allá» [20.3.1]. Este hecho se encontraba en consonancia con una de las reivindicaciones de May sobre la divulgación del conocimiento: la importancia de «acreditar las fuentes cuando se realizan citas de terceros para ahorrar tiempo en una explicación u ofrecer a los lectores una exposición distinta de los problemas» [20.3.2].

May era consciente de que otros integrantes del grupo podrían estar en desacuerdo con algunas opiniones manifestadas en «Cyphernomicon», o incluso podrían sentir frustradas sus expectativas al leerlo. En consecuencia, fue claro al respecto, por lo que nadie podría decir que no estaba avisado:

«No pido disculpas por escribir el documento que quise escribir. Otros son libres de escribir el FAQ que les gustaría leer. [20.6.1] Mis opiniones son muy fuertes en algunos temas […] libertarias, incluso anarquistas. O lidias con eso o no leas el documento. Tengo que ser honesto sobre esto».

«Cyphernomicon» [20.6.2]

Otro hecho destacado es el descargo de responsabilidad que May incluye en su obra. En los años noventa, la situación seguía tensa entre las autoridades y los promotores del desarrollo de aplicaciones basadas en criptografía fuerte. Por ese motivo, y aunque él mismo dudaba de su validez ante un tribunal, May dejó escrita «su renuncia a todas las garantías relacionadas con el documento» [20.7.1].

Al mismo tiempo dejaba constancia de que «la legalidad de su lectura o posesión en una jurisdicción no es responsabilidad de May» [20.7.2] e informaba de que «los puntos de vista expresados pueden o no representar las opiniones del autor y no pueden representar nunca la opinión de otros cypherpunks. Se exploran ciertas ideas que serían ilegales en la mayoría de los países del mundo si fueran implementadas. Ten en mente que estas exploraciones de ideas no son más que eso» [20.7.3].

La agenda cypherpunk y su no misión

Según el «Cyphernomicon», los cypherpunks no tienen reglas formales ni estatutos. Es más, ni siquiera tienen acordada ninguna misión ni finalidad. Eran felices siendo un grupo explorador de ideas, una conciencia colectiva que cada semana inoculaba nuevos cerebros con sus reflexiones. Entre sus integrantes, además de profesionales con experiencia, había alumnos de universidad (muchos informáticos y programadores) y un nutrido grupo de personas de ideas libertarias.

Los cypherpunks albergaban creencias diversas, cultivaban el pensamiento crítico, y la inmensa mayoría coincidía y se reconocía en los siguientes puntos clave:

– El gobierno no debería poder espiar nuestros asuntos.

– La protección de las conversaciones y los intercambios es algo básico.

– Estos derechos necesitarían ser asegurados mediante la tecnología más que por la ley.

– El poder de la tecnología crea con frecuencia nuevas realidades políticas.

«Cyphernomicon» [3.4.1]

En consonancia con lo anterior, «los principales intereses de los cypherpunks son privacidad, tecnología, encriptación, política, criptoanarquía, dinero digital, protocolos» [3.4.2]. Tanto es así que, durante los primeros años de vida de los cypherpunks, identificaron que las dos principales motivaciones que atraían a nuevos integrantes eran: fortalecer la privacidad personal y la certeza del colapso de los gobiernos.

«Cyphernomicon» y anarquía

También es frecuente la presencia del término anarquía vinculado a la cultura crypto de los cypherpunks. En el «Cyphernomicon», la anarquía se entiende como «algo mucho más común que lo se puede pensar y se define como la ausencia de un líder». Y se añade: «la relación de los anarquistas con el lanzamiento de bombas es una idea equivocada y engañosa» [3.4.4].

Si no hay un líder, ni una organización, ni una agenda formal, una pregunta habitual era: «¿cómo se proponen y completan proyectos?».

La respuesta cypherpunk estaba entonces tan clara como hoy: «De la misma forma que se hacen la mayoría de las cosas, mediante acciones individuales y decisiones del mercado» [3.4.6].

La existencia del «Cyphernomicon» resulta esencial porque demuestra que hace más de 25 años existía un grupo de personas que ya estaba dando respuestas a las preguntas que el mundo entero se haría en un futuro donde las empresas tecnológicas empezarían a tener más poder que los propios Estados.

«¿No debería regularse la criptografía?». Atención a la respuesta cypherpunk (desde mi humilde opinión, también vale para las criptomonedas):

«Muchas personas hacen comparaciones con la regulación de los automóviles, el espectro de radio e incluso las armas. Este último símil es tan fácil como peligroso. Una mejor comparación sería equiparar el uso de criptografía al derecho de hablar como tú desees. No puedes exigir que la gente hable en un idioma» [3.4.17].

En el «Cyphernomicon» se hace especial mención a la naturaleza voluntaria de la criptografía. Esto quiere decir que aquellas personas que no desean tener privacidad en sus comunicaciones e intercambios no están obligadas a usarla. Sin embargo, el paso de los años va dando la razón a los cypherpunks, y los estándares internacionales para la transferencia de archivos, navegación web y otros aspectos de la vida digital incorporan protocolos basados en criptografía fuerte.

Los cypherpunks no estaban confundidos

Sabían que en pocos años el ancho de banda sería lo suficientemente amplio como para sustituir a la televisión, que los pagos online superarían a los offline, que las tarjetas de crédito, los teléfonos móviles y la democratización de la creación multimedia revolucionarían la forma de dinero y la información como actividad, forma de vida y relación. Sólo estaban avisando para que en esa transición no perdieras tu soberanía individual y tu derecho a la privacidad, que no significa más que proteger tu propia intimidad cuando te parezca oportuno.

Muchos pueden pensar que los cypherpunks eran cuatro techno hippies que se habían comido algún ácido de más. Nada más lejos de la realidad. De hecho, fueron unos visionarios en su época. El común de los mortales necesitaría varios mapas, una brújula, un GPS y cinco vidas para encontrar la salida al problema más fácil resuelto por cualquier integrante destacado de los cypherpunks.

Su conocimiento y aportaciones al Internet que hoy conocemos resulta vital. Empezando por Timothy May, ingeniero y destacado científico autojubilado de la vida laboral a los 34 años de edad, y continuando por cualquiera de las personas que hace un cuarto de siglo ya sabían de qué iba el juego del ciberespacio.

Cypherpunks del mundo, desde la vulnerabilidad de un archivo de texto plano, quiero deciros: gracias.

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