Hemos entrado en la parte final, mas no definitiva, de nuestro «banco en las nubes». El recorrido nos llevó a rutas donde nada está determinado y cada uno de los actores intenta establecer su propio itinerario. Se trata de lograr de alguna manera tener, si no el control, por lo menos el manejo de los hilos de los nuevos poderes que se avecinan.

Lo peor que le puede pasar a cualquiera de nosotros es creer petulantemente que nuestro enfoque se impondrá por encima de los demás. El camino apenas empieza y es importante destacar que las relaciones de esta novísima evolución global no atienden a esquemas del pasado. Si bien existen realidades imposibles de obviar y que forman parte de nuestro ADN como individuos y sociedades, las disrupciones marcan un antes y un después, pues ésa es su esencia.

Así que, sin lugar a dudas, estamos en presencia de una nueva ruptura y mi apuesta está totalmente del lado de nuestra tierra del P2P, que nos lleve hacia el desarrollo de un sistema de gobierno económico para la era digital. Por eso, intentaremos establecer algunas consideraciones que potencialmente nos puedan permitir tener poderosa influencia en la arquitectura de la época que se nos viene.

A algunos les incomodan o les generan temor los términos de confrontación, discordia o conflicto. Siento que lamentablemente no han capturado en lo elemental lo que ha sido la historia de la humanidad. No ha ocurrido ninguna modificación de partes en disputa que no haya llevado consigo la terminación de algo. Algunas desgraciadamente se han producido tras guerras y conflagraciones, otras, sobre todo luego de la segunda guerra mundial, mediante la imposición, por la mayor suma de poder de alguno de los bandos. Existen, como siempre, quienes cándidamente, o por intereses no confesados, venden la idea de convivencia en fases de cooperación entre propuestas antagónicas o con disímiles y en extremo distintos objetivos finales. La realidad histórica nos demuestra que, luego de vencer, el grupo ganador inicia una etapa de reacomodos y negociaciones, pero ya detentando el control efectivo. 

Vivimos una era totalmente distinta a la del siglo XX. Sin embargo, nuestras estructuras fundamentales (la economía, la educación y la gran mayoría de nuestras relaciones) están basadas en un mundo que simplemente ya no existe. A pesar de que en apenas unos años hemos pasado de sociedades industriales hacia conexiones globales y ahora a intercambios de valor sin necesidad de terceros, muchos continúan anclados atrás y no terminan de finalizar el ciclo histórico que ya se cumplió.

Somos hijos de un mundo en construcción. Ahora es innegable que una buena parte de la sociedad global ha ido avanzando en la comprensión de su verdadero rol como humanidad, entendiendo la necesidad de procurar la construcción de relaciones de poder basadas en la democracia sin apellidos, la libertad, el respeto y la igualdad de oportunidades.

Sin embargo, esto no es precisamente ni masivo ni extendido a nivel general. En efecto, se mantienen profundas brechas mundiales que son aprovechadas por los más fuertes para imponer su visión y para modificar ese presente. Por eso, pensando en la cimentación de un mundo mejor, hace falta mucho más que buenas intenciones, teorías algorítmicas únicas o espectaculares deseos. Es adecuado el momento para la acción profunda que nos extirpe la sensación de que la especulación financiera es nuestro interés primario. En su lugar, deberíamos difundir en la medida de lo posible la idea original del P2P como instrumento para el cambio social.

Y así como hemos visto grandes movimientos en estos meses por parte de los otros dos grupos de nuestro Banco en la Nubes, la criptografía tampoco se ha quedado atrás. Importantes avances se han dado en un periodo muy corto de tiempo. Muchos jugadores empiezan a entender que las respuestas pasan más allá de la resolución de los problemas técnicos, de escalabilidad o seguridad, innegablemente necesarios. Sin embargo, se requiere darle cuerpo a un sistema que aproveche al 100% todas las posibilidades que la cadena de bloques puede ofrecer. Incluso fuertes voces dentro del ecosistema comprenden que la política y la gobernanza no son precisamente aspectos que debamos despreciar si realmente queremos exprimir al máximo las posibilidades de un mundo donde prevalecerán los gobiernos criptográficos.

Ahora, ¿cómo lograr equilibrar primero y superar después el enorme poder de los organismos financieros tradicionales respaldados por gobiernos y multinacionales, y las formidables organizaciones empresariales omnipresentes?

En primer término, es imprescindible entender a cabalidad que, a pesar de las enormes desigualdades generadas en el sistema actual, creer que esto por sí solo hará que las personas salgan corriendo a utilizar las criptos y la blockchain es por lo menos ingenuo en demasía. Ciertamente, muchos queremos que nuestro dinero trabaje para nosotros, como deber ser, en lugar de para los grandes bancos. Algunos incluso quieren saber la razón por la cual hay auges y caídas en el ciclo económico, y por qué nuestra economía sufre crisis dramáticas que causan una miseria humana significativa cada tantos años. Pero las dudas no obligatoriamente se convierten en actos conscientes.

Es muy fácil repetir cual dogma que, en la medida que más y más empresas y personas empiecen a aceptar criptos, tendrán menos necesidad de usar dinero fiduciario. Necesitamos y debemos crear soluciones prácticas y directas que les den las herramientas necesarias para su real empoderamiento, no de palabra, sino de verdad. A las personas no les interesa cómo funciona, sino que funcione, una plataforma cifrada con privacidad y seguridad sin que la persona común ni siquiera se dé cuenta de ello, comprendiendo que no hace falta entenderlo para garantizar su libertad.  

A estas alturas está claro que la banca tradicional tiene la intención de llevar la cadena de bloques hacia su área natural. Apurados un tanto por las fintech y los neobancos, procura reinventarse y utilizar al máximo su privilegiada posición de sector amparado en la regulación gubernamental para dar un giro de 360 grados que le permita cambiar todo sin cambiar nada. Los gigantes omnipresentes, por su lado, tratan de aumentar sus áreas de influencia y sacar beneficio de que apenas ahora empiezan a darse pinceladas de normas a nivel mundial. Así pues, pisan fuerte y fortalecen sus innumerables lugares en la tokenización de la economía.

En nuestro caso, creo sinceramente que toda la fuerza que nos entregó Satoshi Nakamoto la empezamos a desarrollar a la inversa. En lugar de empoderar a la gente, le dimos poder a la especulación financiera. Muchos se han enriquecido actuando cual banco de criptos desde entonces. Quizás, me dirán algunos, para que Bitcoin sirviera como medio de cambio sin tener un valor como mercancía para usos más allá del intercambio indirecto, tenía que haber un histórico de precios. O tal vez que esto era necesario para acumular capital y poder adelantar los proyectos y las investigaciones. No sé, pero me inclino a pensar que se debió esparcir la semilla como prioridad, generando un P2P simple y directo. Y que la transferencia de valor fuera efectivamente ejecutada cuando las dos partes tuviesen en sus cuentas, saldos o haberes los activos acordados. Es el agregado fundamental para consolidar la confianza y apartar la intermediación.

Ahora, indudablemente, con Bitcoin a la cabeza, las criptomonedas han soportado un fuerte pero necesario invierno para poder ir solidificando los proyectos que aportan beneficios reales e irse deslastrando de tanto humo, el cual todavía persiste. Esto ha sido bien importante porque ha provocado un ajuste en diferentes plataformas de hacia dónde debemos apuntar, priorizando la eficiencia de los recursos para dar soluciones tangibles. Por ejemplo, generar pasarelas de pagos sencillas con una interfaz amigable y universal, o acelerar el número de las transacciones por segundo en cualquier operación financiera por encima de las que realiza la banca tradicional. También la creación de puntos de venta alineados con las necesidades comerciales de los empresarios, que en lugar de provocarles problemas, les procuren posibilidades de negocio nuevas y poderosas. Si vas a competir financieramente, debes estar preparado para resolver y remediar, no para complicar ni agregar mayor carga de gastos y procesos. Debemos dar prioridad a la creación y puesta en marcha de pequeñas soluciones en lugar de pensar en una mega alternativa. Se trata de la vía más contundente para ir sumando adopciones de sectores que juntos terminarán de componer todo el rompecabezas.

La formidable fuerza de la tokenización digital ha sido, si no menospreciada, poco tratada con el nivel de disrupción que intrínsecamente posee. He insistido hasta la saciedad que tener la tecnología no es para nada suficiente. Hay que estar en total capacidad de explicar y llevar la cadena de bloques y las criptomonedas al lenguaje más sencillo posible, no solamente a nivel macro, sino que es fundamental hacerlo en lo pequeño, en lo micro. Debemos ahora ser capaces de poner directamente en las manos de las personas y las comunidades el medio, que sin la necesidad de ser genios matemáticos, ni programadores, ni nada por el estilo, puedan internalizar el universo de oportunidades que les permite la tokenización de activos. Esta herramienta, una vez asumida, tiene el potencial de ser un enorme multiplicador de bienestar individual y social. La capacidad de independencia y libertad económica puede escalar a un nivel personal y comunitario que nunca hayamos visto en nuestra historia. Tokenizar bienes comunes para colocarlos al servicio de todos y realizar las operaciones dentro del ecosistema cripto P2P sin fronteras. La cascada de consecuencias y nuevas relaciones que se generan resulta profundamente revolucionaria.

La posibilidad de ejecutar acciones dentro de la red por parte de un vasto sistema de jugadores económicos, con dinero programable que se puede intercambiar directamente entre personas, puede eventualmente llevarnos hacia un potencial ‘ingreso básico universal’, de hondas implicaciones. Manejar la minería de datos de manera individual, para intercambiarla a voluntad propia, recompondría todos los esquemas de ventas y marketing tal como los conocemos hoy en día. En lo absoluto estoy insinuando que este ingreso se convertiría en sustituto del salario necesario para vivir. A pesar de que eventualmente puede para muchos ser una realidad, indudablemente modifica los parámetros de ingresos, sin límites locales, con consecuencias que aún no podríamos prever.          

Hemos visto en pocas líneas cómo la adopción de las criptos no tiene ni por asomo una sola vía. Al contrario, hay diferentes rutas que debemos transitar para poder masificar. Evidentemente, un marco regulatorio amplio y que asuma los cambios de este nuevo siglo ayudaría a expandir el uso de criptos y el ecosistema de tokenización digital. Sin embargo, es lógico reconocer que ningún gobierno ni órgano internacional abogará por las criptomonedas en detrimento del sistema bancario y financiero existente. Por tanto, lograr la máxima aproximación a unas normas que no sean castrantes ni coercitivas pasa por provocar que la sociedad comprenda las ventajas de una tierra P2P, y se incentive a respaldarlas y ponerlas en práctica. 

Hay que mover las piezas de la sociedad en su conjunto. Los congresos, convenciones y meetups son sin lugar a dudas buenas maneras de informar sobre los avances y logros de la cadena de bloques en cada una de sus distintas aplicaciones. Sin embargo, llegó el momento de ir mucho, pero mucho más allá. Hay que integrar de manera activa y directa a los centros de estudios, desde los niveles medios hasta los superiores. Es hora de formar a los arquitectos del sistema en construcción. Las plataformas y proyectos más importantes, comprometidos en serio con un mundo de otro tipo de relaciones económicas, financieras y sociales, deben comprender que para tener éxito global es imperativo convencer masivamente a los presentes y futuros del mundo digital.

Nunca está de más recordar que quien controla los nodos controla Internet. Y en el mundo digital en ciernes, quien controla Internet controla el mundo. Seguir avanzando en los desarrollos para potentes, accesibles, robustas, sencillas y fácilmente escalables redes en malla, para fortificar conexiones libres y para la implementación efectiva de Bitcoin Lightning Network, que posibilite una masiva incorporación de usuarios a la estructura de micropagos, es tarea diaria. Se nota que gran parte de la comunidad criptográfica procura no dejar estas cosas fundamentales al azar, lo que nos permite afirmar con propiedad que, a nivel de desarrollo, superación de los obstáculos técnicos y evolución tecnológica, marchamos por buen camino.   

Quienes proponemos la puesta en marcha del ecosistema blockchain desde nuestras diferentes ópticas, posiciones o ideologías, estamos de acuerdo en que la cadena de bloques, las criptomonedas y todo lo que las rodea no se circunscriben a un tema de especulación financiera y ya. Y muchos procuramos su implementación como un sistema de gobierno económico para la era digital. Sumar la piedra angular de lo financiero es ineludible para avanzar en lo social. Sin independencia económica es imposible que cualquier sociedad rompa esquemas que en general la empobrecen y están llenos de desigualdades, pero que les deja rendijas para que algunos consigan ganar, otros se conformen con lo que tienen, una parte continúe soñando y la mayoría apenas sobreviva.              

En este estado de cosas, creo que avanzamos hacia un equilibrio de fuerzas, ¿y saben por qué? Porque ya pasamos de la etapa del desconocimiento hacia el entendimiento de que esto llegó para quedarse. Como hemos visto, todos los actores están ya están en carrera y esto producirá en muy corto plazo una distribución mucho más fraccionada de todo el sistema financiero y económico. Y allí vamos a entrar en un periodo crucial, donde se definirá la dirección en la que se enfilará esta evolución. Las opciones y posibilidades ya las tenemos. Ahora, sin lugar a dudas, la cuestión principal es si nos adelantamos a una disrupción o si por el contrario tendremos una espectacular mejora en algunos sectores, relaciones y niveles, pero sin cambiar el poder sustancial. Ése es el verdadero quid del asunto. 

Todo lo que conjuga la blockchain tiene la fuerza para cambiar la arquitectura del poder, donde gobernar el mundo siempre ha estado al alcance de muy pocos privilegiados y poderosos. Ahora puede ser el turno de las mayorías. 

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