Completaba este artículo reflexionando sobre las pasadas elecciones generales y el camino que ahora finaliza el partido político que fundé, Democracia Participativa («Participa»), hace ahora ocho años. Basado en la desintermediación política, en nuestro partido decidía la población mediante consultas y el representante político era elegido en listas abiertas (listAbierta.org) por lo que se debía a sus electores y no al «aparato» que pudiese o no colocarlo en una lista (el problema aparece cuando organizaciones que funcionan distinto se unen en un mismo escenario político; no hay Interledger, Cosmos o Polkadot que lo solucione, pero esta es otra historia).

Después de algunos años con representación en instituciones locales y bastantes consultas populares, una de las conclusiones a las que llegaba en esta reflexión es que; los electores probablemente prefieren mandar a decidir.

Gobernanza en un mundo descentralizado

Es importante el matiz, decidir implica un esfuerzo cognitivo importante, es sopesar opciones, constrastar y valorar. ¿Qué esperamos de un mundo descentralizado gracias al blockchain (y otras DLTs)? ¿Mandar, decidir o participar? ¿Y para qué?. Otra de las lecciones aprendidas es que el objetivo no es la posibilidad de decidir colectivamente, es que estas decisiones sean mejores para el conjunto.

Hay muchos ámbitos que se pueden descentralizar (ver la infografía con algunos ejemplos). No obstante habría que preguntarse si en una economía participativa con: naciones, corporaciones, identidades, comunicaciones, pagos y energía descentralizadas, ¿viviremos mejor que con las naciones estado y las grandes corporaciones?.

La mayor parte del tiempo estamos eligiendo y no decidiendo. Elegimos entre nuestras opciones de forma impulsiva y con posterioridad las justificamos con una capa argumental ad hoc. Le debemos al premio Nobel de economía David Kahneman la explicación de este mecanismo de autoconvicción. El problema es que conocido el mecanismo, conocida la trampa; si queremos hacer que la gente tome determinadas elecciones, sólo tenemos que saber activar las teclas que «puentean» el sistema racional y llegar directamente a los centros de decisión: el miedo, la rabia y el deseo.

Desgraciadamente, en política nunca ha hecho falta cubrir de argumentos racionales el uso y abuso de estos mecanismos para activar la toma de decisiones: «viene el fascismo» (miedo), «están rompiendo España» (rabia) o «quiero parecerme a ella/él» (deseo). 

Así que las decisiones colectivas (descentralizadas) no constituyen «per se» una garantía de decisiones mejores, aunque si pueden percibirse como más justas porque todo el que esté censado puede votar.

Cuando hablamos de sesgo cognitivo y decisiones irracionales, estamos hablando de una Experiencia de Usuario (UX) mal diseñada (aunque sea a propósito). La solución no es la gobernanza on-chain (recordemos el caso del hackeo de la DAO) ni tampoco la gobernanza off-chain. Tampoco es un problema de elección del protocolo de descentralización. El problema es que cuando «nos dejan» participar (en unas elecciones por ejemplo) trasladamos un mandato influido irracionalmente, en lugar de una decisión con perspectivas racionales de ser la mejor opción, y pasa lo que pasa.

No nos fustiguemos, la energía que tenemos es limitada, el cerebro es el órgano que más consume y estamos diseñados antropológicamente para minimizar el consumo de energía. Ante una sobredosis de información y necesidad de acción, tomamos atajos. Si aparece un tigre en la Gran Vía hay que correr, no sopesar las diferentes opciones. El problema es que la política actual está diseñada para que tomes decisiones de esta forma; el tigre es «el fascismo» o «los bolivarianos» del discurso actual, el sistema está diseñado para tomar decisiones irracionales cada cuatro años. 

El problema que hay que resolver entonces es: ¿cómo podemos diseñar una Experiencia de Usuario que nos permita tomar buenas decisiones desintermediadas y seguras gracias a blockchain? Pues en eso estamos. Empecemos por interpretar qué es una «buena» decisión. De nuevo, no es un problema de técnica, no se trata de democracia líquida o voto cuadrático, es un problema de diseño previo, de planificación. No se trata de cómo «pesar» decisiones o votos, se trata de estudiar las preguntas, cómo y cuándo hacerlas y a quién.

Un buen comienzo puede ser el trabajo que (entre otros) el departamento de Inteligencia Colectiva del MIT (Massachusetts Institute of Technology) está haciendo y que intenta responder a la pregunta: ¿Cómo un grupo de personas puede tomar decisiones «estadísticamente» más inteligentes? En un contexto de incertidumbre sobre los acontecimientos futuros, una decisión tomada de forma más inteligente no garantiza que la solución sea la más adecuada, pero al menos que se ha tomado de la forma mejor posible, es un mecanismo de diseño previo.

Algunas pistas: hacer que la toma de decisiones se realice en un contexto sin excesiva presión (un plazo corto), que el grupo de decisión sea diverso y que tenga un mayor número de mujeres, disminuir la influencia social excesiva de algunos miembros del grupo sobre otros, aumentar el coeficiente empático del grupo, etc. Todos estos factores incrementan (estadísticamente) la inteligencia en la toma de decisiones de un colectivo. Estamos diciendo que un grupo de stakeholders extraordinariamente motivados y activos pero que solo representan al 2% del censo del grupo de decisión en el que influye mucho el/la/los desarrolladores/fundadores (la gran mayoría de las decisiones del «universo blockchain» se están tomando ahora mismo así) tomará estadísticamente peores decisiones (independientemente del protocolo y el peso del voto) que un grupo elegido al azar con unos parámetros predeterminados ad hoc. Y si la participación del censo pasa del 2% al 40% gracias a algún mecanismo perverso de democracia líquida, lo único que se consigue es que la decisión tenga una apariencia de mayor consenso, conteniendo los mismos errores.

Empecemos por el diseño de la capa de usuario (UX) para tomar decisiones (más a menudo y más inteligentes) sobre aquello que debamos decidir colectivamente (gobierno, economía, energía, identidad, comunicaciones), desintermediemos después el sistema (más oráculos y menos políticos), y entonces hablaremos de qué mecanismo sirve mejor estos objetivos: democracia directa, voto cuadrático, voto líquido, etc., on-chain (con su mejor protocolo: POA, POS, POW, POL, etc.) u off-chain, y por último midamos y asegurémonos de que estamos tomando mejores decisiones de forma colectiva sobre lo que nos afecta. Todo es gobernanza.

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