Por Gustavo Segovia

Dentro de unos cientos de años, cuando la historia de esta época se escriba desde una perspectiva distante, es probable que el acontecimiento más importante para los historiadores no sea la tecnología, ni Internet, ni el comercio electrónico, sino un cambio sin precedentes en la historia de la humanidad. Por primera vez —literalmente— hay muchísimas personas que pueden elegir y su número crece con rapidez. Por primera vez tendrán que gestionarse a sí mismas. Y la sociedad no está preparada para ello.” Peter Drucker.
Quien fuese considerado como el mayor filósofo y padre del Management del siglo pasado parece haber dedicado sus últimos escritos no solo al empoderamiento personal en materia de administración de empresa, sino también se ha dedicado a profetizar sobre lo que los avances en la tecnología puedan significar para la humanidad. Con la democratización del acceso a la información que Internet trajo consigo, Drucker parece haber previsto que cada vez más individuos podrían empoderarse y abandonar la independencia de los organismos centralizados y autoritarios que se han encargado de modelar los modelos culturales para mantener en control social y un status quo que beneficia solamente a quien pertenezca a las élites de siempre. Sorprendentemente, Drucker nunca llegó a conocer el Bitcoin.
Muchos hablamos de descentralización como si fuese la panacea a todos los males del planeta, no tan muchos lo creemos de verdad, pero muy pocos somos aquellos los que parecemos entender cuáles son las implicaciones de migrar de una cultura donde la centralización ha estado arraigada por miles de años hacia una donde somos finalmente independientes de un poder patriarcal que nos ha impuesto valores donde prevale la sumisión y la confianza no cuestionada sobre quien ejerce una autoridad centralizada. Organismos como los Estados, la Iglesia, los bancos, los medios de comunicación, y más recientemente Google, Facebook y Amazon han dedicado la mayoría de sus esfuerzos en lo que es un diseño cultural que moldea nuestros valores, sistemas de creencia y/o comportamientos para que éstos logren los objetivos de las élites de tales organizaciones.
Tenemos que iniciar aceptando que la comodidad del círculo de confort cuyo diseño hemosheredadodelaeraindustrialimpideala gran mayoría de las personas de luchar por algo diferente, por algo mejor. ¿Y es que para qué nos vamos a responsabilizar nosotros mismos de nuestro futuro si siguiendo lo que nos han enseñado garantizará una jubilación a los 65 años cuando finalmente podremos disfrutar de lo poco que nos quedará de vida sin tener que trabajar? ¿Para qué responsabilizarnos de nuestro propio dinero cuando una entidad bancaria lo hace por nosotros, aunque no tengamos ni idea de cómo ellos usan nuestro dinero? ¿Por qué preocuparnos de diseñar nuestro propio camino espiritual y de cuestionar nuestra propia existencia si ya una organización llamada Iglesia nos dice lo que está bien y lo que está mal?
Si estás leyendo un magazine como AgoraChain tendrás seguramente una respuesta a las interrogantes apenas planteadas, y en mi opinión debes considerarte un afortunado pues estás algunos pasos por delante de la mayoría de las personas que siguen confiando en un sistema que muestra cada vez ser menos sostenible, por citar algunos ejemplos: fondos de pensiones que van en bancarrota por culpa de unas manos corruptas, la demografía envejece y se está quedando sola dejando una gran incógnita en quién pagará las pensiones, bancos toman decisiones arbitrarias no solo la creación de nueva moneda con un mecanismo de reserva fraccionaria sino que crea bonos de alto riesgo y los venden como pan caliente cuya falta de respaldo crea una tremenda crisis inmobiliaria que no solo deja en la calle a millones de personas sino que además las endeudan de por vida.
La cultura de la descentralización nos llama a ser responsables no solo de nosotros mismos, sino también de quienes nos rodean. Pero también quienes nos rodean deben tomar tal responsabilidad, por ellos y por nosotros. Estamos entrando en una nueva era de desarrollo comunitario que llama a la sostenibilidad económica, política y social que dependa de todos y para todos. Para llegar a esto hace falta recorrer un camino enorme, un camino en el que cada uno de nosotros debe dar un paso adelante y hacer sentir nuestra voz, nuestros valores
y nuestra manera de pensar. Pero para esto debemos tener muy presente los protocolos de la tecnología que tanto defendemos, especialmente los protocolos de consenso.
La respuesta de Sakamoto al problema de los generales Bizantinos -problema que describe prácticamente la incompetencia de un puñado de generales para ponerse de acuerdo sobre atacar o retirarse sin la presencia de un agente de rango superior a ellos que les diga qué hacer- me parece una de las mayores innovaciones de la historia de la humanidad, visto que es evidente que las personas son bastante incapaces de ponerse de acuerdo por sí solas, es bastante curioso como haya sido una persona (o mejor incluso, un grupo de personas) a hallar tal solución en una prueba de trabajo computacional (PoW).
Ya el problema para que miles (o millones) de servidores informáticos se pongan de acuerdo en levar los records de un único registrocomúnestásolucionado,ahoranos queda a nosotros los humanos aprender de éstos. Nos queda un largo recorrido para que sepamos colaborar por un bien común, sin dejar de competir dándole valor a lo que valor merece y poder evolucionar tanto como individuos como comunidades. Debemos aprender no solo a hacer que nuestra voz se escuche en un mundo descentralizado, perotambiénescucharlavozdelosdemás, especialmente con las que no estamos de acuerdo e indagar sobre nuevas maneras de consensuar cuando las opiniones diferidas parecen evitarlo a toda costa.
De esto se trata AgoraChain, un lugar para confrontar ideas, no para evitarlas, un espacio para aportar nuestras posturas ante un nuevo mundo descentralizado, pero también para comprender y asimilar las posturas de los demás. Queremos que la descentralización sea lo que debe ser, inclusión, diversidad, comprensión, coherencia, justicia, reputación, bienestar individual y comunitario. Una proeza que promete ser tan divertida como difícil, una aventura que significa un cambio cultural en ti y en quien te rodea, una solución para que finalmente podamos tener un mundo más justo, próspero y distribuido. Una odisea de la cual solo saldremos victoriosos si sumamos todos a la comunidad nuestros talentos, experiencias, conocimientos, opiniones y visiones para que todos juntos podamos generar y distribuir el valor que nos merecemos y que nuestros allegados puedan hacer lo mismo.
Satoshi Nakamoto escribió en uno de sus emails la siguiente frase “Correcto, [no encontraremos una solución a los problemas políticos en la criptografía]”[1], los problemas políticos están en la poca capacidad de entendimiento entre las personas, lo que sí podemos encontrar en la criptografía, en particular en blockchain, es una herramienta para crear la confianza y los mecanismos de incentivos necesarios para facilitar la comprensión y el consenso entre las personas, y debemos empezar a descubrir juntos como hacerlo. ¿Te unes?