PATRÓN COMMODITIES       (SEGUNDA PARTE)

         Por Dr. Ismael Santiago Moreno
(Universidad de Sevilla)

Al grito de «Make America great again», Trump se convertía, contra todo pronóstico, en el presidente número 45 de Estados Unidos, ganando en las elecciones generales del 8 de noviembre de 2016 a su rival demócrata Hillary Clinton.

Como ya comentábamos en la primera parte del artículo, la actitud de este se podría estar convirtiendo en un riesgo real sistémico para la economía global. Sus medidas proteccionistas,con el establecimiento de aranceles al acero o al aluminio importando de China, podrían llevara una guerra comercial y de divisas entre las dos mayores superpotencias: EE UU y China.

El nuevo escenario al que nos enfrentamos lo pudimos constatar en la cumbre del G7 del 9 de junio en Canadá, la cual fracasó estrepitosamente y en donde se contempló la creciente fractura en el bloque occidentalEstados Unidos, su tradicional líder, llegó distanciado del resto de socios por su ruptura unilateral del pacto nuclear con Irán, el adiós al Acuerdo de París contra el calentamiento global y las crecientes tensiones comerciales.

A modo de resumen, en la primera parte de este artículo hablábamos que al finalizar la Segunda Guerra Mundial se diseñó un nuevo sistema monetario, por medio del cual se acordó que el valor de todas las divisas del mundo sería fijado en función del valor del dólar estadounidense, y el dólar, a su vez, sería una moneda convertible a un valor de 35 dólares por onza de oro, estableciéndose en Bretton Woods que la moneda base del mundo entero fuese el dólar.

Pero hacia fines de la década de los sesenta, el gobierno de Estados Unidos comenzó a requerir una gran cantidad de dinero para financiar gastos militares en el ámbito de la Guerra Fría con la Unión Soviética. Y comenzaron a imprimir dólares sin respaldo en oro, haciendo ficticia la relación 1 onza de oro = 35 dólares.

En 1972, Nixon anunció la suspensión de la conversión fija dólar-oro, provocando la indignación de sus socios, especialmente Francia, que reclamó con una fragata militar la repatriación del oro. Nixon dijo que lamentablemente no se podría realizar la repatriación y que aceptasen esta medida como una situación temporal.

En 2018, 47 años después, se han impreso trillones de dólares nuevos desde entonces y el valor del lingote de oro ronda los 1.300 $. Gran parte de las burbujas financieras y de la inestabilidad del sistema monetario actual derivan de aquella decisión. Respecto a este preciado metal, la mayor parte del oro es oro papel, muy alejado del oro material que realmente existe como subyacente en sus contratos, estimados en términos de 2017 en unas 130 mil toneladas frente a las 300 mil negociadas en contratos de derivados.

Actualmente, el sistema monetario mundial está gobernado por grandes hedge funds, private equity funds, fondos de pensiones y de inversión, compañías de seguros, etc., que invierten cantidades ingentes de fondos en una u otra moneda con el propósito de obtener beneficios financieros, producto de las oscilaciones del valor de las diferentes monedas.

Si nos centramos en las posibles medidas irresponsables de los bancos centrales mundiales en la crisis de las hipotecas subprime (2007-2009) y de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España), con sus «prolongadas» inyecciones de liquidez, vemos los intentos de solucionar los desequilibrios estructurales creando dinero de la nada. A lo que nos referimos con esto es que cuando un banco central imprime dinero lo que hace es endeudarse, actuando como un mastodóntico hedge fund con la potestad de bajar los tipos de interés, forzando a los agentes económicos a asumir más riesgo. Se le llama política monetaria expansiva al hecho de aumentar la cantidad de dinero de manera agresiva, bajando el precio de este para incentivar el crédito: esto es igual que aumentar el apalancamiento financiero.

A finales de 2016, más de 25 bancos centrales del mundo llevaron a cabo «políticas expansivas» (aumentar masa monetaria y bajar tipos). Además, en 2017 los principales bancos centrales del mundo llevaron a cabo enormes planes de recompra de activos.

Para Lacalle (2017), estos son los resultados conseguidos tras años de estímulos y numerosas bajadas de tipos de interés:

El crecimiento del comercio mundial cayó a niveles de 2010 (según OMC).
El endeudamiento global se ha disparado a un máximo histórico de 217 billones de dólares, o el 325% del PIB, según el Institute of International Finance (enero, 2017).
La deuda pública como porcentaje del PIB entre 2007 y 2015:
o Eurozona, del 65% al 90%.
o Japón, del 183% al 250% (Banco Mundial, 2016).
o China, del 35% al 46% (excluyendo empresas estatales).

En 1981, el bono a diez años norteamericano cotizaba en el 15,83%, tras lo cual la rentabilidad no ha hecho otra cosa que caer.

Los daños colaterales de estas medidas han sido la creación de la mayor burbuja del mercado de bonos jamás conocida, con la emisión de bonos de rentabilidad negativa (11 billones de dólares) y con los bonos de alto rendimiento al tipo más bajo en treinta años.

Por otro lado, el petróleo de referencia en Europa se revaloriza un 158% desde los mínimos de enero de 2016. El repunte de las commodities, con el petróleo en máximos de 2014, se está notando también en la renta fija: el rendimiento de los bonos del Tesoro de EE UU a diez años ha llegado a superar el 3% por primera vez desde enero de 2014.

La tensión en Irán, la crisis en Venezuela, los recortes de la OPEP y Rusia generarán un déficit de producción de crudo. Los saudíes y sus colegas de la OPEP necesitan subidas del precio del petróleo para mejorar sus posiciones fiscales y el Reino está en un programa de reformas audaces y costosas. Los analistas de Bank of America Merrill Lynch ven la actual escalada del precio del crudo llegando a los cien dólares por barril el próximo año.

El encarecimiento del crudo aumenta las presiones inflacionistas, lo que podría acelerar las subidas de los tipos de interés. Esta situación podría ocasionar una situación impredecible y no deseada en los mercados.

Si nos centramos en el dólar, divisa que está perdiendo su hegemonía en los mercados internacionales, comprobaremos que Estados Unidos ha creado, en los últimos seis años, en torno a cuatro trillones de dinero nuevo de la nada, a la vez que desde el año 2006 ha duplicado su deuda nacional. No es normal que la oferta monetaria estadounidense se haya incrementado un 400% desde 2006 (dinero imprimido de la nada).

Cosas como esta hacen perder la confianza en el dólar en los mercados internacionales, ya que no solo se plantean dudas más que razonables sobre su situación como «inversión refugio», sino que el mercado está terminando de darse cuenta de que no será capaz de devolver toda la deuda contraída.

Si sumamos todas las obligaciones que tiene Estados Unidos en concepto de seguridad social, Medicare y Medicaid, la deuda asciende en torno a 260 billones de dólares y no deja de aumentar. Esto podría provocar la caída del dólar y del resto de las divisas, ya que la «deuda existente no se puede pagar».

En resumen, es un escenario posible que los nuevos billones de dólares impresos por el gobierno norteamericano podrían llegar acausar una devaluación enorme del dólar en una escala ahora desconocida, en donde los ciudadanos de esta nación perderán gran cantidad de sus ahorros en cuestión de horas, provocando con esto la hipotética situación de crisis global económica que mencionábamos en la primera parte de este artículo.

Todas las circunstancias aquí expresadas nos llevan inevitablemente a pensar en la necesidad de un nuevo sistema monetario. Se estima que cada 30/40 años el mundo tiene un nuevo sistema monetario, y cada nuevo sistema aumenta a la velocidad a la que transfiere la riqueza.

Cuando esto ocurra habrá una gran transferencia de riqueza de un lado a otro de la balanza, no dejando a nadie indiferente: en un lado los que disponen de activos en divisa fiat y en el otro los que los tienen en commodities (metales preciosos, criptomonedas y cryptocommodities, siendo estos últimos un camino intermedio entre invertir en criptomonedas desintermediadas como Bitcoin o Ether y los commodities de alto valor como el oro, el litio —usado en el coche eléctrico o el aceite de oliva, donde destacala iniciativa española OlivaCoin, en proceso de ICO internacional).

Por ejemplo, China, Rusia y una suma de otros países están estudiando la posibilidad de crear una divisa que sea intercambiable por una cesta de materias primas (donde se incluiría el oro, metal valioso que lleva entre 500 y 600 años siendo una divisa). Esto ocurrirá en no mucho tiempo, sustituyendo así al dólar como divisa hegemónica.

Otros ejemplos, como el Petroyuan (contratos de petróleo cotizados en una divisa distinta al dólar), podrían llegar a convertirse en una seria alternativa a la divisa norteamericana si terminara resolviendo las dudas que suscita sus enormes costes y las actuales restricciones políticas chinas.

La propuesta que aquí lanzamos es una reconfiguración de los mercados internacionales de commodities (petróleo, oro, soja, cacao, azúcar, litio, níquel, cobalto, paladio, etc.) mediante la creación de una cryptocommodity por cada materia prima relevante en los mercados internacionales. Estas cryptocommodities estarán respaldadas (subyacente) por la oferta mundial de sus principales países productores, organizados como una cesta de productores según la cuota de mercado que ostente cada uno de ellos, amparado por un organismo internacional actual o futuro.

La forma en que se organizarían estos países alrededor de su cryptocommodity sería mediante el empleo de la tecnología blockchaino DLT, que garantizaría la veracidad de las transacciones y decisiones de los países implicados, además de una trazabilidad (en términos de calidad, del no empleo de trabajo infantil o esclavo, etc.) incorruptible. También, en este nuevo esquema de funcionamiento 4.0 se emplearían smart contracts, para poder suscribir los respectivos acuerdos internacionales entre los países que forman la cesta propia del cryptocommodity, evitando de esta manera manipulaciones, fraudes, corrupción, la intermediación inútil y la ineficiencia de los procesos.

Un cryptocommodity es un medio de intercambio digital, que funciona de maneradescentralizada utilizando Internet (no hay un banco central emisor que pueda devaluar y expropiar), siendo un pasivo monetario que tiene un respaldo de un activo tangible con alto valor en los mercados, que no sufre las volatilidades propias de las criptomonedas (como Bitcoin, Ether u otras) y que está diseñado para ser estable y cumplir con eficacia las funciones propias del dinero: unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor.

Las tecnologías que soportan las cryptocommodities son la criptografía, que garantiza un alto grado de dificultad para hacer modificaciones maliciosas al histórico de transacciones, y las cadenas de bloques (blockchains), que contienen la contabilidad descentralizada de las operaciones realizadas en un sistema monetario específico.