Por Igor Domsac.

Después de más de un lustro utilizando criptomonedas, experimentando, equivocándome y aprendiendo sobre ellas, en diciembre de 2017, coincidiendo con la cúspide de su fervor especulativo, me marqué como propósito de año nuevo dedicarme profesionalmente a predicar a los cuatro vientos la palabra de crypto. El momento elegido no podía resultar menos propicio, pues coincidió con el comienzo de una larga oleada bajista, que se ha prolongado durante más de un ciclo y que no ha finalizado todavía.

En el mes de enero de 2018 salió a la luz pública una nueva revista, AgoraChain, que me pareció una propuesta fresca, distinta, original y divertida. Y con el espíritu cypherpunk que yo siempre defendía. A pesar de su elegante diseño y una sugerente filosofía, le faltaba sin embargo aquello que yo sabía: corregir textos, limpiar y cuidar la ortografía, que pudiera entenderse el mensaje sin que se manchasen de ruido las palabras escritas.

Mi llegada fue calurosamente recibida: enseguida se me abrieron las compuertas de la cripta, y pronto me sentí como un miembro más de esta entrañable familia. Manel y Gustavo, fundadores de la iniciativa, contagiaban al equipo su explosiva energía, y poco a poco entre todos nos pusimos las pilas, sorteando tempestades, editando más revistas, forjando nacientes amistades y regando con ilusión la semilla, con el fin de divulgar las infinitas posibilidades de tan certeras tecnologías. A los verdaderos creyentes no les tiemblan las rodillas. Y de todos ellos algo se aprendía. Nos juntamos abogados, ingenieros, periodistas, crypto-traders, un diseñador y hasta un economista. Incluso un canal de televisión, que aún está esperando, muerto de risa, a que nos decidamos en algún momento a devolverle la vida.

La plaza pública fue creciendo, y se incorporaron nuevos miembros, con la ilusión de hacer que AgoraChain se ganase por méritos propios un lugar de honor entre los medios. Sin embargo, pese al esfuerzo, jamás llegaban los réditos, pues nos enredamos en dirimir las diferencias de egos, y parecía que desde dentro se evaporaba el sentido original del proyecto. Algunos se quedaron, otros se fueron, y los que llegaron de nuevas tiraron del resto para intentar evitar como fuera el naufragio del velero.

Un sector de la tripulación comenzó a diseñar una organización autónoma descentralizada, pero no se trataba de una decisión consensuada. Por consiguiente, coincidiendo con el primer cumpleaños, se declaró de manera inminente un golpe de Estado, invitando a los fundadores a entregar el timón del barco. Y así se quedó en el aire el interesante proyecto de diseñar una DAO. Tal vez algún día podamos retomarlo. De momento, nos quedamos con la intriga, pues la junta directiva ha decidido por mayoría enfocarse en la revista. ¿Bifurcación a la vista? A veces, dos navíos coinciden por un tiempo en el mismo recorrido, pero al final se dirigen a puertos distintos.

Por tanto, con este número, Ágora comienza a navegar hacia nuevos rumbos. ¿Qué vientos nos deparará el futuro? ¿Aprenderemos de los errores cometidos en el pasado? Desde aquí, quiero mostrar mi agradecimiento a Manel y a Gustavo, pues me permitieron cumplir el propósito que me marqué aquel fin de año. La semilla que sembrasteis ha crecido, cobrando vida más allá de su principio y dirigiéndose al encuentro con los enrevesados designios de su propio destino. ¡Salud y fuerza en el camino! Y que la vida nos ponga a cada uno en nuestro sitio.

«Navega, velero mío, sin temor, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza, tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor. [..] Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar».

En 2017 me propuse trabajar en blockchain, y vaya si lo he conseguido. AgoraChain me sirvió de lanzadera, la nave nodriza que me impulsaría después a Blockchain Media, donde colaboré durante unos meses antes de decidirme a emprender por mi cuenta, tomando en solitario las riendas de tuCriptomoneda. Y, aunque me distancié del equipo, también siento que, en realidad, nunca me he desunido. Por otro lado, el trabajo jamás ha faltado y, sin embargo, hasta el momento, no hemos sabido monetizarlo. Y es que la labor social se desempeña alegremente durante un rato, pero resulta insostenible en el largo plazo.

Por todo ello, mi propósito para este año es, en definitiva, trabajar, insistir, seguir informando, y que, además, esta vez, el esfuerzo se vea recompensado. ¿Quieres ayudarnos? Únete a nosotros, colabora, asóciate, participa, no abandones el barco, pues el mejor modo de predecir el futuro es crearlo, y lo único que resulta inmutable es el cambio. ¡Estáis todos invitados!

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https://agorachain.org/project/agora-magazine-9/