Por Francisco Rosales

Hace tiempo que me compré una camiseta que pone “I want to be a notary on vacations, but blockchain only works for cryptocurrencies”, y cuanto más pasa el tiempo, menos vergüenza me da reconocer que soy notario (de hecho estoy orgulloso de ello) y menos entiendo algunas posturas de la comunidad blockchain.

Mucho se discute si primero fueron las blockchain o las criptodivisas, incluso ya hay historiadores (yo diría hagiógrafos) de una y otras. Sin embargo el debate entre una y otras me recuerda mucho al debate de si primero fue el huevo o la gallina.

Siento fastidiaros un lindo debate, pero quizás deberíamos recordar dos cosas:

1.- Sea primero el huevo o la gallina, te doy a escoger si quieres prescindir del huevo o de la gallina, pero te garantizo que tras quitar uno de los dos, no habrá más huevos ni más gallinas.
2.- No olvides que los reptiles no son aves y ponen huevos, es más hay mamíferos, que también ponen huevos

¿A cuento de qué viene todo esto? pues a cuenta de que veo una tendencia a simplificar las cosas en el mundo blockchain; simplificación que generalmente obedece más a los intereses de quien habla, que a un verdadero esfuerzo de evangelizar y saber de qué hablamos realmente.

Los sujetos de una relación

Explicar que gracias a las criptodivisas se pueden hacer pagos seguros entre personas que no se conocen, es explicar lo obvio.

Sin embargo es lo único que hay que explicar, y sólo esta posibilidad es una auténtica revolución (lo siento no uso la palabra disrupción) pero nos engañamos si creemos que las revoluciones no son incruentas.

No hay revolución sin muertos, y la posibilidad de hacer pagos seguros entre personas que no se conocen, implica riesgos que: o asumimos, o tenemos que corregir.

Quizás todo arranque del hecho de que el sistema ahora mismo está en manos de técnicos, que entienden perfectamente de lo que son comunicaciones entre dispositivos; no obstante, y a todos esos técnicos, he de recordarles que los juristas somos necesarios, pues quienes se comunican no son los dispositivos, sino las personas.

Es obvio que todos los que me leéis, habéis llegado a una publicación digital, y por tanto tenéis un mínimo nivel técnico y cultural; sin embargo estáis muy lejos de ser normales.

No hablo del problema de alfabetización que afecta a gran parte del mundo; hablo de meras estadísticas que reflejan la cantidad de menores de edad, de ancianos que pierden facultades, o de discapaces.

En el mundo de la informática si dos dispositivos se conectan, están conectados correctamente; sin embargo no toda conexión o relación entre personas siempre es válida (así el que un ordenador nuevo conecte con uno viejo es irrelevante jurídicamente, pero si una persona adulta conecta sexualmente con un menor de edad, no estamos ante algo irrelevante jurídicamente)

Aceptar cualquier pago hecho por cualquier persona, implica aceptar que menores de edad o personas sin capacidad, puedan realizar operaciones; y lo más grave es que por la propia naturaleza de una blockchain, son operaciones que no tienen marcha atrás.

En todo caso, nada nuevo aportan las blockchains a lo que es la contratación on line, pues en cualquier blockchain, se parte del concepto de firma electrónica.

Lo que si hay que saber, es que la firma electrónica simplemente es una forma de identificar a un sujeto (al menos en el comercio con firma electrónica sabemos con quien contratamos, y algún dato adicional) y eso es de por si un gran avance, pero el que el que contrate con nosotros sepa que hace (por ejemplo que no esté borracho, o que no le estén apuntando con un arma) es algo sobre lo que aún queda mucho por avanzar tecnológicamente.

Usando blockchain firmas electrónicas simples, no ofrece un sistema más seguro que el que puede ofrecer la firma electrónica avanzada; pero es que además el carácter inmutable de blockchain es un grave inconveniente de seguridad, cuando lo que se trata es de arreglas negocios que son nulos.

Hemos hablado de capacidad; pero es que además está un problema jurídico, que es el de la legitimación (que quien quiera hacer algo pueda hacerlo -por ejemplo que quien venda sea el dueño-) tampoco aquí blockchain ofrece soluciones.

Pero es que los juristas además conocemos conceptos adicionales, como es el de distinguir lo nulo de lo anulable, lo válido de lo incompleto; u otros que resultan indispensables para logra que blockchain sea algo más que un sistema de pagos fantástico.

¿Es posible lograrlo? sinceramente no tengo respuestas, sin embargo el reto se me antoja apasionante, y desde luego en la superación de este reto, una pieza clave es lograr que los que somos juristas y los que son técnicos tengamos un idioma común (y creed que muchas veces hablando con informáticos creo que me hablan en marciano, pero es que ellos me dicen que parezco un muggle de Harry Potter)

Saber que es perfectamente posible realizar operaciones on line sin necesidad de blockchain, es algo que muchos deberíamos de saber, pues las firmas electrónicas y sellos de tiempo,, están ahí, y los hay cualificados que ofrecen más garantías ante los tribunales que las firmas y sellos simples que se usan en las blockchains.

El resto de valores como son el consenso y el registro inmutable, merecerían trabajos adicionales, pero podemos anticipar que: un time stamp ofrece inmutabilidad, que el que algo se registre múltiples veces no hace el sistema eficiente sino redundante, que el mero registro de algo, no ofrece a ese algo especial valor, y que igual empieza a ser conveniente distinguir si lo que registras son hash o documentos.

En definitiva, el que blockchain sirva para realizar operaciones no quiere decir que sea ni la única forma de hacerlo, ni la más segura, ni la más barata, ni la más eficiente.

El objeto de una relación

Muchos hablan del token y muchos hablan de los oráculos

Es sorprendente querer cambiar al notario por un oráculo, y hablar de un mundo digital sin intermediarios.

Seamos serios, en la inmensa mayoría de los caso que conozco lo único que se trata es a un tercero por otro (¿más barato? ¿más fiable?)

Pero más sorprendente es considerar al notario como un intermediario, cuando el Notario jamás desarrolla actividad de intermediación, sino que da al negocio que ya existe un valor que sin su intervención (que no intermediación) no tendría.

No es necesario un notario para comprar absolutamente nada; de hecho en España es completamente voluntario acudir al Notario ¿por qué acudes entonces? pues porque sabes que el documento notarial tiene un especial valor ante los tribunales, sabes que el notario comprueba la validez del negocio (una cosa es mediar entre las partes y otra analizar su voluntad) también el notario comprueba: no ya quien es quien, sino si están capacitados para lo que pretenden realizar.

En definitiva el Notario no intermedia, sino que da valor añadido (necesitaría un artículo específico -por otra parte ya está escrito en mi blog- para explicar ese valor añadido)

Pero hablar del token es hablar nuevamente de conceptos indeterminados.

El problema de blockchain es simple, y consiste en comprobar si el objeto de la relación surge o no del código fuente.

En el caso de las criptodivisas, podríamos discutir si son útiles, o si valen o dejan de valer algo; sin embargo su existencia y características no son discutibles, pues surgen del propio código fuente.

Es por ello que no necesita la criptodivisa de intermediarios.

En cualquier blockchain que no tenga por objeto la criptodivisa, hace falta previamente saber si ese objeto existe o no, y cómo es. Para ello resulta indispensable un oráculo, pero no nos engañemos, el oráculo es un intermediario, y no es gratuito (la pregunta es si resulta fiable o no)

Pongamos el caso más fácil que es la propiedad inmobiliaria.

Todos sabemos que existe el catastro inmobiliario que tiene toda la planimetría de España, y en el que cada finca tiene una referencia catastral (que por otra parte no es sino un tipo de hash) ¿cual es el coste de creación de esa planimetría? ¿es fiable esa planimetría? ¿es fiable el catastro al acreditar la propiedad de las parcelas que tiene registradas? ¿sabéis que en España los notarios cambiamos cualquier cambio de propiedad inmobiliaria gratuitamente en el Catastro?

La respuestas os dejarían sorprendidos, y merecerían nuevamente un post especial, pero la extensión del artículo obliga a responder que montar una blockchain inmobiliaria en España resulta simplemente tan absurdo que en la practica es imposible (y se perfectamente de la existencia de proyectos de este tipo incluso en Suecia)

Notarios y registradores no somos lo mismo

Suelo ver que relacionan a notarios y blockchain, cuando los la segunda es un registro y los notarios no llevamos registro alguno (simplemente archivamos documentos a medida que los autorizamos)

Muchos ven blockchain como un registro descentralizado, y en realidad usan palabras muy bonitas, pero inadecuadas.

Todos esos lo que hablan es de registros compartidos, y compartir registros supone un importante esfuerzo de recursos que no siempre es la solución más adecuada.

La cuestión no es ya si estamos hablando de la solución adecuada, sino de la solución más recomendable.

No es lo mismo una blockchain de hashes de documentos que se conservan en otro sitio, que una blockchain de documentos (para empezar habría problemas de costes y escalabilidad importante).

Pero sobre todo, el problema es la privacidad, y no nos engañemos la libertad del ciudadano, pues el que sus datos sean compartidos por la comunidad, o que estén depositados en un grupo cerrado (como es el grupo cerrado de un lobby existente en España, en el que están integradas empresas algo que más importantes -incluso la propia empresa tecnológica del notariado-) no va a ofrecer ciudadanos más libres, sino más controlados.

Es cierto que el notario archiva el documento que autoriza, pero el archivo se hace por riguroso orden de autorización, y con fines de conservación, sin que por el mero hecho de archivarse el documento notarial tenga mayor valor ante los tribunales.

Es el Registro de la Propiedad (por otra parte al que el ciudadano acude también voluntariamente) el que publica sus propiedades inmobiliarias, pero no olvides que al registrar vuestra propiedad, igual que estáis protegidos, sois más fácilmente embargables.

Los notarios aportamos en este sentido diversos valores: primero tenemos un secreto del protocolo que nos obliga a que sea el ciudadano el que decida si sus datos se hacen o no accesibles al público, pero segundo somos parte de la estructura del estado, y ese secreto no existe a efectos de impuestos o de lucha contra el blanqueo de capitales.

Finalmente recordaros que existen en la Ley Hipotecaria, dos artículos (el 33 y el 34) que nos recuerdan que el acceder a un Registro de la Propiedad te protege de fallos en el título del que te transmite, pero no de fallos en tu propio título, y es que los jurista hace mucho que descubrimos que ningún sistema es infalible, y que hay que protegerse de vulnerabilidades del sistema (¿se entiende esa frase en la comunidad informática?)