Por Pedro Serrano

 

Casi una década ha pasado desde que Bitcoin nació el 3 de enero de 2009. Ha sido una década de turbulencias, burbujas, desplomes, pero sobre todo una década de esperanzas.

Bitcoin había resuelto varios problemas complejos, pero fundamentalmente había resuelto dos. El primer problema que resolvió fue el de crear un sistema de consenso seguro peer-to-peer que eliminara la necesidad de un tercero de confianza, además de tener una enorme resistencia a la censura. Para ello propuso una «cadena de pruebas de trabajo» en la que siempre prevalecería la cadena más larga, permitiendo esto crear una red pública que sería segura mientras el 51% o más del poder de cómputo actuara de buena fe. Resuelto este problema, aparecía un nuevo problema, el de mantener un gran poder de cómputo (con los gastos que ello conlleva) para garantizar una alta seguridad. Este nuevo problema emergente, el de conseguir que alguien invierta recursos en asegurar la red, es la clave que resuelve el segundo gran problema para crear un sistema monetario: la emisión de divisa.

Satoshi Nakamato se dio cuenta de que estos dos problemas eran complementarios y podían eliminarse. Los bancos centrales emiten monedas fiat en forma de crédito, es decir, se respaldan en la propia deuda que genera su emisión. Bitcoin no necesitaba emitir divisas de la nada, ya que para su funcionamiento necesitaba recursos (minería), por lo que podían emitirse nuevos bitcoins y entregarlos como recompensa por este trabajo. Cuanto mayor fuera el trabajo computacional (minería), más segura sería la red, más valdría y por lo tanto la recompensa sería un incentivo suficiente para que este poder se mantuviese muy alto.

Esto ha sido así durante esta década, Bitcoin ha demostrado tener la seguridad prometida y atraer a suficientes mineros para garantizarla. Se ha dicho mucho sobre el consumo eléctrico de la minería, pero se habla muy poco de los gastos energéticos de los enormes edificios de oficinas de la banca y las empresas del sector financiero, tampoco se habla del consumo energético que suponen los vehículos que transportan dinero en metálico entre bancos, fábricas de moneda y reservas.

Casi diez años después, nos encontramos un Bitcoin extremadamente seguro, pero poco conocido aún entre el ciudadano de a pie y con software inmaduro e insuficiente para permitir una entrada masiva del gran público al uso real de las criptodivisas. Por ahora, la mayoría de las operaciones con criptodivisas son especulativas. El mercado se ha convertido en el mayor casino descentralizado de la historia y la noche solo acaba de empezar.

Que esto haya sido así no es casual, no debemos olvidar que todo bitcoin emitido lo fue como recompensa por trabajo de minería, ninguno de ellos fue entregado a cambio de desarrollo de software o por labores de marketing. Para Bitcoin todo el valor de la red radica en la seguridad y la descentralización, la usabilidad del sistema es algo externo a Bitcoin. Por lo tanto, debe ser el libre mercado, basado en intereses privados de particulares, el que genere aplicaciones y sistemas basados en el protocolo Bitcoin que permitan su uso. En este libre mercado también están, como es evidente, la comunidad de software libre, un pilar fundamental en Bitcoin, al menos mientras el sector privado no encuentra modelo de negocio con el que lucrarse con el Bitcoin. La mayor prueba de ello es que hoy en día resulta mucho más rentable la minería a gran escala o la especulación que el desarrollo de software relacionado con Bitcoin, a no ser que te montes tu estafa Ponzi propia y emitas una ICO.

En medio de esta década, allá por enero de 2014, tras varias propuestas sin éxito de un desarrollador (EvanDuffield) que quería mejorar Bitcoin, nace lo que hoy conocemos como Dash, aunque realmente es la evolución de otros proyectos con diferentes nombres (Xcoin, DarkCoin). Dash pretende recopilar todos los problemas, carencias o deficiencias que Bitcoin haya podido demostrar en sus primeros cuatro años y trata de resolverlos de forma ágil. Una de las diferencias clave entre Dash y Bitcoin es su modelo de recompensas:mientras que en Bitcoin el 100% de la recompensa va para la PoW (minería), Dash reparte la recompensa de cada bloque en tres partidas. Cuando se genera un nuevo bloque de Dash, el 45% de la recompensa va para los mineros, el 45% va para los masternodos y el 10% va para un fondo gestionado por la DAO, pero, ¿qué es un masternodo? ¿Qué es la DAO?

A diferencia de Bitcoin, la red Dash tiene dos niveles: los nodos normales y los nodos maestros. Activar un masternodo implica depositar 1000 Dash en una dirección y no tocarlos mientras queramos que este esté activo. Como estos reciben recompensa, sus propietarios pueden costear servidores muy potentes con gran capacidad de almacenamiento y muchos GB de RAM, así como personal cualificado para su mantenimiento y seguridad. Si un masternodo no mantiene una mínima calidad de servicio, es bloqueado por la red y deja de recibir recompensas.

La DAO es una organización autónoma descentralizada y está formada por todos los propietarios de masternodos, que disponen de un voto por cada masternodo que tengan. Esta DAO es el órgano de gobernanza descentralizada que toma decisiones técnicas sobre el desarrollo de Dash, a la vez que gestiona la tesorería del fondo que se nutre del 10% de recompensa de cada bloque. Gracias a este fondo, cualquier persona puede presentar una propuesta (previo pago de 5 Dash) y si recibe una mayoría de votos afirmativos, irá cobrando partidas de Dash a cambio de ejecutar su propuesta.

De esta manera, Dash consigue no solo incentivar la seguridad de la red (minería) sino que incentiva el disponer de nodos con abundantes recursos hardware y dispone de liquidez para pagar trabajos de desarrollo o marketing, sin depender de un libre mercado movido por intereses particulares. El core de Dash también ha planteado la posibilidad de financiar mediante propuestas votadas la adquisición de hardware más potente para los masternodos.

Aunque no se ha mencionado, los masternodos, además de validar transacciones en décimas de segundo y ofrecer un sistema de gobernanza descentralizada, ofrece una serie de servicios adicionales que aportan a la red características no disponibles en Bitcoin, como son las transacciones privadas (PrivateSend), las transacciones instantáneas (InstantSend) o, próximamente, un sistema de almacenamiento descentralizado (DashDrive). Estos servicios, junto con algunas características más técnicas de Dash y su plataforma Dash Evolution, se analizarán en detalle en el próximo número de la revista.