La siguiente historia forma parte de la colección de relatos que surgen de la California de los ‘70 en adelante. La historia del desarrollo de la computación es también la historia de las relaciones entre los personajes que coincidieron durante décadas en aquella región estadounidense, y en esta ocasión vamos a realizar una introducción al capítulo de los cypherpunks.

En el año 1979, Timothy C. May había pasado a la historia junto a Murray H. Woods, por ser los ingenieros que descubrieron cómo las partículas alfa ocasionaban un error de software, alterando los datos almacenados en la memoria de las computadoras, su investigación está publicada en la IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers).

En 1986, May se estaba retirando de la compañía Intel a los 35 años, con dinero y acciones suficientes como para vivir sin necesidades económicas el resto de sus días. Lejos de planear un retiro tranquilo, Timothy May tenía un plan: promover la cultura del uso de criptografía fuerte para preservar la privacidad de los individuos en las transferencias de información y valor a través del medio digital.

El primer punto destacado de esta historia es sin duda la redacción del «Manifiesto Criptoanarquista» en 1988, un documento abierto donde Tim May expone su previsión de lo que serán las interacciones digitales en un futuro cercano, destacando la necesidad de implementar protocolos criptográficos para preservar la confianza entre las partes y proteger a las personas de las interferencias de poder de los Estados y gobiernos. Ésa es la idea principal sobre la que se basa lo que May denomina la «criptoanarquía».

Según explica el mismo Timothy May, el «Manifiesto criptoanarquista» fue distribuido inicialmente entre asistentes y participantes de la conferencia Crypto’88 y la Hackers Conference de ese mismo año. El buen feedback recibido reforzó la creencia de May acerca de la necesidad de crear una comunidad activa para el debate y desarrollo de soluciones basadas en criptografía fuerte que garantizaran lo descrito en su manifiesto.

Posteriormente, May participó en las Hackers Conferences de los años 1989 y 1990, profundizando en sus ideas sobre la criptoanarquía. En estos tres años, Timothy May fue fortaleciendo relaciones con personas de alto talento en diversas áreas técnicas relacionadas con la computación, especialmente con criptólogos y criptógrafos destacados que simpatizaban con la visión de May sobre la creación de una comunidad activa.

Como resultado de estos acontecimientos, en el año 1992 tuvo lugar una reunión que, cuando menos, cambiaría la historia de Internet.

Tim May mantenía relación con Eric Hughes, matemático y desarrollador estadounidense que había trabajado con uno de los mejores criptográfos del mundo: David Chaum, el cual fue fundador de Digicash, la primera empresa del planeta en implementar criptografía fuerte para desarrollar una forma de dinero electrónico que llegaría a integrarse en los bancos de ambos lados del océano Atlántico.

En los largos debates que mantenían May y Hughes sobre criptoanarquía, pseudónimos digitales, dinero criptográfico (denominado originalmente como digital cash) también participaba con frecuencia John Gilmore, alguien muy importante en esta historia.

Gilmore fue uno de los primeros empleados de Sun Microsystems y es co-fundador de la Electronic Frontier Foundation (EFF) una organización sin ánimo de lucro que promueve desde 1990 el respeto a los derechos civiles en Internet. En 1989 fundó la empresa Cygnus Solutions con el fin de dar soporte a desarrollos de software libre, algo que ha hecho toda su vida, siendo especialmente conocido por la calidad y cantidad de sus aportaciones a un alto número de proyectos de GNU (GNU’s Not Unix).

En septiembre de 1992, una conversación entre May y Hughes provocó que revisaran sus agendas y convocaran a un grupo de veinte personas expertas en áreas como programación, criptología, criptografía y matemáticas. No había vuelta atrás: había nacido la comunidad cypherpunk.

Esa primera reunión se realizó en una casa que Eric Hughes tenía en Oakland, muy cerca de San Francisco. Y, como el mismo Tim May contaría posteriormente en el documento titulado «Cyphernomicon», el encuentro tuvo lugar la misma semana que se lanzó PGP 2.0, y todos los allí presentes ya tenían copias del software ese día. May describe cómo los presentes estaban sentados en el suelo, y cómo dividieron la jornada en dos sesiones: la de la mañana se centró en los conceptos básicos, y por la tarde estuvieron dedicados al crypto game, es decir, tratando sobre remailers, dinero digital, etc.

Una de las principales conclusiones que salieron de ahí es que necesitaban un remailer anónimo y una lista de correo para seguir debatiendo y mantener el contacto. John Gilmore ofreció sus servidores para alojar la lista de correo, y las propias oficinas de la empresa Cygnus para que el grupo pudiera reunirse cada mes presencialmente.

Tenían un grupo inicial de alto talento. Tenían conocimiento. Tenían influencia en otras personas. Tenían amigos en la prensa especializada. Sólo les faltaba un nombre.

En ese punto de la historia entró la figura de una mujer que tenía el afecto de todos ellos: la hacker Jude Milhon, también conocida como St. Jude. Milhon fue muy activa en los años sesenta en Estados Unidos por la lucha de los derechos civiles, participando en la organización de diversas marchas y acciones. En esa década, Milhon desarrolló la conciencia de que la tecnología era una gran aliada para su misión, y se convirtió en una programadora de alto nivel de forma autodidacta. Apasionada de la cultura cyberpunk, se mantuvo cerca de personas como May, Gilmore o Hughes, con quienes tenía muchas ideas en común.

Jude Milhon forjó el nombre de los cypherpunks haciendo un juego de palabras entre el témino cipher, que podría traducirse como clave de escritura o clave de cifrado; y el concepto cyberpunk, un género de ciencia ficción ambientado en una sociedad donde se mezclan bajos niveles de vida con patrones de desorden social y la presencia de tecnologías cibernéticas avanzadas.

Eric Hughes y Hal Finney (conocido, entre otras muchas cosas, por ser la primera persona en recibir una transacción de bitcoins) desarrollaron ese mismo año de 1992 un remailer anónimo que acabaría siendo conocido como Remailer Cypherpunk.

El 9 de marzo de 1993, Eric Hughes hizo público el «Manifiesto Cypherpunk», una inequívoca declaración de intenciones sobre el principal interés de este grupo: «Los cypherpunks participan activamente para hacer que las redes sean más seguras para la privacidad de las personas».

Ahora sí. Tenían personas con un cerebro privilegiado, un nombre, un manifiesto, una lista de correo y un remailer anónimo. Había empezado el movimiento cypherpunk, y el resto es Historia.

En 1994, Timothy May publicará el «Cyphernomicon», un documento tipo FAQ (preguntas frecuentes) donde explica en profundidad las cuestiones más habituales sobre los principales temas que se tratan en la lista de correo de los cypherpunks.

Por supuesto, tanto el «Cyphernomicon» como un alto porcentaje de la correspondencia mantenida en la lista de correo de los cypherpunks, hoy día son contenidos públicos y accesibles para cualquier persona que quiera revisarlos.

Como si de un museo digital se tratase, la información publicada en la lista de correo cypherpunk y el contenido del Cyphernomicon ya son piezas de colección que deben de ser preservadas por las siguientes generaciones de nativos digitales, para que no se olviden de que, en los albores de los ordenadores personales y las redes globales, ya había un grupo de personas velando por la libertad de navegar y explorar el ciberespacio sin renunciar al derecho a la privacidad.

[Continuará]

Descubre este y otros interesantes artículos en el #11 del Magazine  #ÁGORA: 

RetosyOportunidades

#Decentralized #Cultural #Magazine

También disponible su versión impresa

👇🏻

revista@agorachain.org