Por Roberto Solé

La tecnología blockchain no creo que sea aplicable, tal y como la conocemos hoy en día, a todos los segmentos de la sociedad. Sin embargo, creo firmemente que supone una revolución tecnológica muy importante, atreviéndome a compararla con la máquina de vapor, el descubrimiento de la electricidad, la imprenta o el propio Internet.

Como todos los inventos mencionados, se han necesitado décadas e incluso siglos para perfeccionar su funcionamiento y sacar todo lo que puede aportar esta tecnología. Incluso hoy en día se trabaja en la electricidad, ya que aún no hemos sacado todo el potencial que nos ofrece (nunca mejor dicho). 

Hoy en día tenemos la inmensa suerte de tener la mayor biblioteca del mundo abierta las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año. Cualquier problema que se nos ocurra o cualquier idea loca se puede publicar en Internet y cualquiera puede encontrar nuestro problema y ofrecer una solución más o menos ingeniosa. Esto pasa con la tecnología blockchain, donde cualquiera puede aportar una visión o una idea.

Lightning Network, MimbleWimble, Proof-of-Stake, etc., son soluciones desarrolladas de acuerdo a ciertas necesidades o a ciertas problemáticas encontradas en la esencia de Bitcoin o de otras criptomonedas. Solamente han sido posibles gracias al interés de los usuarios en hacer evolucionar la tecnología blockchain para llevarla hacia otro nivel.

Vemos cómo Bitcoin (software), la tecnología blockchain,la escalabilidad y otros problemas que nos encontramos en este espacio son retos que gente que no se conoce en persona y quizás jamás llegue a coincidir en un mismo punto del espacio-tiempo se unen para aportar soluciones. Permite éste que tengamos una tecnología con grandes y constantes cambios. Esto provoca por otro lado que sea casi imposible mantenerse al día de todos los avances, siguiendo algunas líneas y dejando de lado otras. Quién sabe si podríamos aportar en los campos de los que no sabemos nada por la velocidad a la que se dan los cambios y se innova.

Aquí debemos tener en cuenta que partimos de una tecnología esbozada en un documento de un puñado de hojas por Satoshi Nakamoto. Cabe destacar que Nakamoto no inventó nada, simplemente juntó diferentes retales de investigaciones precedentes de una manera brillante y única, legando así las bases de un movimiento criptográfico que seríamos el resto de personas quienes debemos descifrar y saber orientar.

Creo firmemente que en algunos casos se ha perdido el norte. Vimos en 2017 cómo los egos se anteponen al proyecto y al desarrollo. Vimos en 2018 cómo los egos y la arrogancia se anteponen al proyecto y al desarrollo. Así llegamos al presente, con bandos enfrentados, personas enfrentadas y cada cual haciendo la guerra por su lado. No quiero nombrar a nadie, ya que todos sabemos poner nombre y rostro y contexto a lo que digo (salvo a Nakamoto, claro).

Bitcoin, además de ser un software, una criptomoneda y una tecnología, es un experimento sociológico excelente que si analizamos de manera pausada nos pone a todos frente a un espejo que muestra lo peor de la raza humana.

Lecciones que nos enseña Bitcoin

Ante una figura desconocida como es la de Satoshi Nakamoto, que no ha querido revelar su identidad por los motivos que sean, nos legó un descubrimiento sin precedentes y, como suele pasar, lo hemos roto. Me recuerda mucho a cuando los españoles descubrimos el Nuevo Mundo, donde llegamos pegando tiros y matando a los indígenas para robarles el oro. Esto pasa en Bitcoin. Fue una creación de Nakamoto a la que algunos han llegado pegando tiros y han generado no un baño de sangre físico, sino un baño de sangre metafórico,enfrentando a la gente.

Pero es que vemos claramente cómo gracias a Bitcoin aparecen las miserias de la raza humana:• Avaricia. Han aparecido las ballenas que se han quedado con todos los bitcoins que les ha dado la gana y han jugado con el precio como han querido. Bitmain ha centralizado la minería, algo que atenta contra los principios de igualdad de Nakamoto y una libertad financiera del individuo que no existe.• Ira. Atacar a quien piensa diferente, a quien considera un camino al que un individuo cree que es el correcto de manera inmutable.• Gula. Muy bien representada por las grandes granjas mineras que sólo buscan el lucro propio, tratando de conseguir cuanta más cantidad del pastel, mejor.• Lujuria. Deseo incontrolable por parte de los individuos de quedar por encima del resto, alegando superioridad moral.• Pereza. Procedente de los profanos en la materia, que no la entienden ni pretenden entenderla, y que no pierden ocasión para atacarla. Individuos que en la mayoría de los casos se han pasado la vida engañando y estafando a pequeños ahorradores,mientras ellos vivían vidas de lujo y desenfreno.• Tristeza. Lo que siento actualmente cuando me asomo a la ventana y miro el espacio de las criptomonedas. No me refiero al precio, que para mí hace mucho que ha dejado de tener relevancia, me refiero a que teníamos algo bonito y nos hemos encargado de deformarlo, ensuciarlo y maltratarlo.• Orgullo. Este elemento ha dinamitado la base de la tecnología blockchain: el consenso.

Volver al consenso como una necesidad fundamental

Me parece básico volver a eso que hemos perdido: el consenso. Creo que hemos perdido de vista este factor,que es fundamental para que la blockchain de una criptomoneda funcione. Partiendo de este punto, también deberíamos recuperar el concepto de nodo, donde cualquier miembro de la red es igual a otro, sin importar quién o como sea. 

Al final, si miramos los principios básicos de esta tecnología, vemos que nos da unas pautas, no sólo para el funcionamiento fundamental de cualquier blockchain de una criptomoneda, sino pautas para la interacción. Hemos reducido esto a un puñado de nombres y actores que han terminado por corromper unos preceptos sencillos. Pero cuidado, aquí hay culpables en todos los lados, incluso nosotros, los usuarios, que en algún momento dado hemos pensado más en el precio que en el valor de la tecnología.

Conclusión

No soy filósofo, no sé de filosofía, ni pretendo dar lecciones. Sé que muchos pensarán que no son más que una retahíla de estupideces, alguno creerá que en el esbozo general algo de razón tengo y prácticamente nadie pensaráque tengo razón. Pues bien, para sorpresa de todos, no la tengo, pero al igual que yo no la tengo, tú, que lees estas líneas, tampoco la tienes. Al final no se trata de tener o no la razón, se trata de llegar a un CONSENSO.

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