Por Paula Pascual

Un debate bastante extendido en la actualidad es cuál va a ser el papel que van a desempeñar los notarios o registradores en el proceso de transformación de la blockchain, entendida como un registro mundial, instantáneo y descentralizado, sin intermediarios.

Uno de múltiples usos que tiene la tecnología blockchain en nuestra futura sociedad es el de registro en la red, siendo capaz de registrar todas las transacciones que nosotros introduzcamos en la misma. Este concepto vendría a su vez asociado con una blockchain pública, que actúe como un sistema de almacenamiento de datos al que podamos acceder a través de las diferentes direcciones, pudiendo consultar cualquier movimiento que se haya producido en el mismo, sin necesidad de utilización de papel o desplazamientos a los registros tal y como los conocemos en la actualidad.

¿Dónde queda entonces el papel de los registros tradicionales y, en concreto, del notario o registrador que verifica actualmente ciertos aspectos de las relaciones jurídicas? Podríamos intentar clasificar todas las opiniones —aunque realmente sean muy diversas y variadas entre sí— alrededor de dos posturas principales:

  • Los que defienden que la blockchain va a sustituir completamente la figura del notario y de los registros tradicionales.
  • Los que defienden que los notarios y registradores serán una especie de nueva autoridad, dentro de la red de blockchain, que dé validez a determinados datos que se introduzcan en ella.

Bajo mi punto de vista, no podemos ver blockchain o, mejor dicho, su transformación, como un proceso que va a cambiar todos los sectores de nuestra sociedad en el muy corto plazo. Como cualquier otra innovación, siempre vamos a contar con sectores clásicos que no se muestren muy de acuerdo con el cambio solo por el hecho de que ese cambio implique que van a ser sustituidos por la tecnología en un futuro no muy lejano.

Sería algo similar a lo que ha ocurrido a lo largo de la historia con todos los avances tecnológicos que se han visto frenados por aquellos sectores que iban a ser transformados, pero finalmente, y aunque se retrase, nunca se consigue frenar la innovación.

En este punto, y en cuanto a la tecnología blockchain, va a ser un proceso que va a llevar unos cuantos años hasta que consiga realmente adentrarse en determinadas ramas de la sociedad. En su aplicación como registro —y el papel de los notarios en el mismo—, va a suponer un freno muy potente el hecho de que, en mi opinión, los registros tradicionales se van a mostrar reticentes a volcar todos los datos en blockchain porque, como ya sabemos, eso implicaría dejar de percibir todas esas tasas que nos cobran cada vez que queremos inscribir un documento con el único objetivo de dar publicidad al mismo.

Por ello, creo que los notarios y registradores van a jugar un papel clave en los primeros años de creación de este registro basado en blockchain ya que, para operar en la red con determinadas transacciones —como puede ser la compraventa de un inmueble, por ejemplo— debe existir una seguridad jurídica amplia.

Esto es, si yo quiero vender un inmueble, me parece fundamental que yo acredite en la red blockchain que yo soy quien digo ser, y que yo poseo lo que digo poseer. Para ello, tendría que existir una especie de «autoridad» u «oráculo», como algunos lo llaman, que dé veracidad a esa información para incorporarla a la red.

Es aquí donde entraría la figura del notario: tendré que acreditar mi figura digital y demostrar mi propiedad sobre determinados bienes con los que quiera transaccionar en la red. De otra forma, estaríamos en una red sin seguridad jurídica, que es uno de los principios básicos de nuestro ordenamiento.

Para que nos entendamos (y esto es siempre mi punto de vista), funcionaría así: quiero vender en blockchain un inmueble que, actualmente, tengo registrado en el Registro de la Propiedad. Debería acudir al notario para que este certifique que mi identidad digital se corresponde con mi identidad real y, a la vez, que acredite dentro de blockchain que yo soy la propietaria del inmueble X. Una vez hecho esto, podré realizar operaciones con mi inmueble dentro de la red, quedando ya registrado y sin necesitar en un futuro que un notario (o figura externa a blockchain) certifique quién tiene la propiedad de ese bien, ya que serán las cadenas de datos quienes lo hagan.

El debate que me gustaría plantear es: una vez que yo tenga acreditada mi identidad digital y tenga introducidos —registrados— mis bienes en blockchain, ¿seguirá siendo necesaria la figura del notario? En mi opinión, quedará bastante reducida, limitándose a dar veracidad a aquellas transacciones u operaciones que se lleven a cabo fuera de blockchain o a aquellos bienes que se hayan adquirido de forma externa a la red y queramos introducir (debiendo verificar nuestra propiedad), ya que, una vez tengamos nuestra propiedad registrada en la red, no necesitaremos a nadie que acredite que una operación se ha producido, puesto que blockchain lo hará de forma inmediata, sin tasas y sin intermediarios. ¡Menudo puntazo!