Por María T. Vidal y Feredico AstInteligencia colectiva

Para adentrarnos en el mundo de las comunidades y la gobernanza, tendríamos que comenzar por entender la inteligencia colectiva, que no es más que aquella inteligencia que emana de la colaboración de un grupo y no de individuos independientes. De este concepto básico surgen aplicaciones en varios campos de estudio, opiniones contrapuestas y una extensa bibliografía donde diversos autores han documentado el tema.

Desde postulaciones tan remotas como la política de Aristóteles, pasando por las ideas de progreso de Condorcet, hasta llegar a libros como Wikinomics o Infotopia, nunca antes este concepto se había amplificado tanto desde la explosión de la apertura de información generada por la Internet 2.0.

Lo que James Surowiecki llama, en su libro del mismo nombre, «wisdom of the crowds» [1] —cuyo argumento central es que la información manejada en grupos resulta en decisiones que a menudo traen mejores resultados que las que hubiese podido hacer un solo miembro del grupo— nos da una idea de los mecanismos de descentralización sobre los que navegamos para adentrarnos en la dinámica de las ICOs.

Quizás uno de los teóricos de la inteligencia colectiva más citados es Pierre Lévy, quien se adentra directamente en la cibercultura [2]. Este afirma que, dentro de este nuevo «espacio antropológico de conocimiento», como él lo llama, el colectivo será el que determinará la actividad económica y el poder territorial, y que en este proceso la imaginación y creación colectiva serán las «nuevas monedas de cambio». Propone también que la inteligencia colectiva traerá consigo un incremento en la rapidez a la que se accede a información, la descentralización del conocimiento y el surgimiento de nuevas herramientas [3].

La inteligencia colectiva adopta intrínsecamente en su formulación tanto las comunidades, entendidas desde la teoría de redes, como la gobernanza, entendida como el proceso de toma de decisiones. Aplicándolo al caso práctico de las ICOs, entendemos que el fenómeno de la inteligencia colectiva comienza con la creación de una comunidad alrededor de una idea expuesta al público (whitepaper), cuyo debate generará orgánicamente un proceso de toma de decisiones en la comunidad, y que finalmente moldeará su modelo de gobernanza, asumida como las pautas que normarán al grupo (proyecto).

El poder de las comunidades en un mundo descentralizado

Si bien es cierto que crear, alimentar, hacer crecer y recompensar a una comunidad en la práctica no requiere un título universitario, tampoco podemos dar por sentado que este proceso esté contenido en un campo aplicado de marketing. Las comunidades necesitan ser catalizadas por individuos que entiendan estos conceptos básicos, ya que sin ello se perdería la esencia misma de la descentralización. Entonces, ¿cómo funciona una comunidad saludable?

Un claro ejemplo lo podemos encontrar en la interacción de los participantes con los moderadores de los canales. La manera de crear una comunidad comienza por establecer un espacio común donde los participantes intercambian opiniones, preguntas, respuestas y preocupaciones. Se trata, básicamente, de generar un espacio propicio para hacer más eficiente la inteligencia colectiva. Estos canales constituyen chat rooms, y suponen el lugar de encuentro de todos los participantes.

El proceso orgánico implica exponer a la opinión de la comunidad una idea. Se ha hecho una práctica común en las ICOs: publicar esta idea en forma de whitepaper y, en los casos más profesionales, publicar también el código. A medida que se discute el material, van surgiendo opiniones, preguntas y resoluciones que como grupo moldean el resultado final de esa idea, con lo cual todos los participantes intervienen en un resultado común, obviamente con la intención de mejorarlo.

Es aquí cuando la figura de los catalizadores juega un rol preponderante. Este concepto, postulado por Ori Brafman en su libro The Starfish and the Spider [4], identifica un conjunto de personas, que los autores llaman «catalizadores», que tienden a ser expertas en la creación de organizaciones descentralizadas. Los catalizadores pueden ser el mismo equipo fundador del proyecto, o algunos miembros de la comunidad que se encarguen de moderar. En todo caso, la función de coordinar la información y el espíritu de ayudar a comprender el material es lo que hace que esta propagación de la información se organice de manera coherente.

¿Qué pasa entonces cuando la información se encuentra coordinada y nuevos miembros se integran a la comunidad progresivamente? Aquí, la comunidad, como grupo, toma el rol de los catalizadores. Básicamente, tenemos una curaduría interna donde los miembros de la comunidad pasan la información a otros, organizando la memoria común del proyecto. De esta manera, el equipo fundador o los moderadores van delegando el rol de coordinación —lo cual es una característica de los catalizadores—dejándolo en manos de la comunidad. Esto se llama descentralización.

Otro ejemplo de cómo funciona la descentralización en comunidades lo vemos en los programas de recompensas (bounty programs) durante las ICOs. Un programa de recompensas se da en tanto que exista la voluntad de la comunidad y su disposición a aportar tiempo y esfuerzo en pro del proyecto. Obviamente, los participantes de la comunidad deben estar convencidos de la propuesta del proyecto, por lo que voluntariamente se ofrecen a colaborar. Como contraparte, el equipo fundador del proyecto agradece esta colaboración en forma de tokens como incentivo. La fuente referencial de este sistema la encontramos en la comunidad de desarrolladores alineados al movimiento open source, y el mismo mecanismo se ha extendido, quizás de manera desproporcionada y no siempre bien entendida, a las ICOs. Aquí no estamos hablando de marketing, estamos hablando del fenómeno de inteligencia colectiva e incentivos a los participantes.

Las comunidades manejan los mismos códigos comunicacionales, y la rapidez con la que actualizan la información de manera constante las hace de por sí un ente con poder propio. Hay que recordar que los participantes son personas de todas las partes del mundo y con diversos husos horarios, permanentemente conectados. Esa información, al estar mal catalizada, puede hacer fracasar por completo un proyecto. Si, por el contrario, la comunidad se encuentra bien compactada y sus catalizadores actúan coherentemente, sabemos que estamos caminando hacia el éxito.

Si bien es cierto que muchas veces se entiende la gestión de comunidad como un esfuerzo de marketing y relaciones públicas, hemos dejado claro que es un tema con más profundidad y que el marketing resulta per se un componente de apoyo necesario para la propagación de la información, que debe ser utilizado en su justa medida, pero que en ningún caso debe confundirse con el todo.

Para alcanzar un proceso de ICO exitoso, la comunidad debe llevar un tiempo de gestación. Podríamos utilizar en este caso la analogía del embarazo. La pretensión de ver una ICO como un mecanismo fácil para levantar fondos, sin antes pasar por el poder que emana de la comunidad y sus tiempos necesarios de maduración, lamentablemente constituye un aborto. Es dar un recital en un escenario vacío. Es fabricar un producto que no tiene compradores.

Herramientas de gobierno para la era de la blockchain

Hasta el siglo XVIII, prácticamente la única experiencia de gobierno que había conocido la humanidad era el despotismo, bajo una u otra forma. Faraones, zares, emperadores y reyes gozaban de un poder centralizado y absoluto. El mundo apenas si había conocido unas pocas experiencias democráticas en la polis ateniense, la república de Roma, y las Florencia y Venecia del Renacimiento.

En el siglo XVIII, las revoluciones en Estados Unidos y Francia dispararon un proceso de descentralización del poder. Los intelectuales de la época, en particular los escritores federalistas de Estados Unidos, debatieron cómo estructurar el gobierno de una gran república. No había experiencias previas de gobierno democrático a gran escala. La democracia representativa con división de poderes fue la mejor respuesta que encontraron los filósofos y cientistas políticos de la época para estructurar un sistema que evitase la concentración de poder. Como escribió John Adams: «Un gobierno de leyes, no de hombres».

En los primeros años del siglo XXI, la humanidad enfrenta una nueva disyuntiva, análoga a las revoluciones democráticas del siglo XVIII: la transición desde la Internet centralizada hacia la era de la blockchain.

Solemos percibir a las grandes plataformas de la web (Facebook, Google, Twitter, etc.) como empresas. Aunque, desde un punto de vista político, podrían considerarse como Estados virtuales donde millones de usuarios son súbditos de una monarquía absoluta. El management escribe la ley (términos y condiciones), controla la administración de justicia (sistema de resolución de disputas), designa a los jueces (moderadores) y aplica el enforcement (suspensión y expulsión de usuarios). En el fondo, no difiere mucho del poder que tenía Luis XIV en la Francia del siglo XVII: también escribía la ley, designaba a los jueces y aplicaba las sanciones.

Así como las revoluciones del siglo XVIII resultaron en una descentralización del poder en el ámbito de los Estados nacionales, la blockchain supone una descentralización del poder en Internet. Comienzan a surgir alternativas descentralizadas y controladas por los usuarios de plataformas como Reddit (Steemit), Uber (Arcade City), eBay (OpenBazaar), etc. Estas organizaciones políticas (organizaciones autónomas descentralizadas) son, de alguna forma, como las nuevas repúblicas de la era de Internet. Si no hay un propietario/monarca que pueda tomar decisiones (actualización de software, política de precios, distribución de ingresos) de manera unilateral, los usuarios tienen que tomar decisiones en conjunto. Pasan de ser súbditos a ciudadanos.

Por eso, la ICO supone solo el comienzo del camino. Para que la organización tenga una existencia prolongada y pueda desarrollar un buen producto, necesita herramientas que permitan a sus miembros tomar decisiones en conjunto. Se trata de nuevas herramientas de gobierno. Pero, al igual que los federalistas en el siglo XVIII, los filósofos y cientistas políticos nos encontramos con que no tenemos experiencias previas de éxito. Tenemos que empezar a pensar cómo organizar el gobierno de estas plataformas. Entonces, ¿cuáles van a ser las herramientas de gobierno aptas para la era de la blockchain?

Una alternativa es la democracia líquida [5], una combinación entre democracia directa y democracia representativa. En la democracia representativa, los ciudadanos delegan su poder de voto en un representante, quien asume la responsabilidad de votar por él en todos los temas. En caso de disconformidad, el ciudadano puede cambiar de representante en la siguiente elección. En la democracia líquida, los ciudadanos pueden delegar sus votos a representantes por temas específicos. Por ejemplo, delegar las decisiones sobre actualizaciones de software a un usuario, y las decisiones de distribución de ingresos a otro. Si no estamos conformes con el representante, podemos revocar de inmediato nuestra delegación del voto, sin esperar a la siguiente elección.

Otra idea para el gobierno de organizaciones autónomas descentralizadas es la futarquía [6], propuesta por primera vez por el economista Robin Hanson. En este caso, los usuarios no votan representantes ni políticas. Votan cuál es la métrica que define cuán bien está funcionando la comunidad política. Luego, a través de una tecnología conocida como mercados de predicción, se generan los incentivos para que sean implementadas las políticas que optimizan la métrica elegida por los ciudadanos. Proyectos de mercados de predicción como Augur y Gnosis ya están en funcionamiento, y mejoran la disponibilidad de información para la toma de decisiones.

Una tercera forma de gobierno propuesta para las organizaciones descentralizadas es Kleros, que significa «azar» en griego. Se basa en la demarquía, una forma de gobierno fuertemente basada en el principio ateniense del sorteo de los representantes, combinada con conceptos de inteligencia colectiva de la era de Internet. Aunque Kleros tiene su principal caso de uso en la resolución de disputas, desde una perspectiva más general, se trata de una tecnología de gobierno que puede servir para tomar toda clase de decisiones que requieran neutralidad. Cuando redactaron la Constitución, los padres fundadores de Estados Unidos discutieron el uso de sorteos para la elección de representantes. Al igual que los pensadores clásicos, lo veían como un método para prevenir las facciones.

En síntesis, el gobierno de blockchain se vuelve un tópico cada vez más relevante para la era de la Internet descentralizada. La ICO supone solo el comienzo del camino. No constituye el comienzo de una empresa, sino de una comunidad política descentralizada que tendrá que cooperar en la producción de un servicio valioso.

Si hoy vivieran los grandes filósofos políticos de la era de los Estados nacionales, como Hobbes, Locke, Rousseau, Montesquieu, Hamilton y Madison, sin duda escribirían sobre criptoeconomía. Esta disciplina —una combinación de criptografía, ingeniería de redes y teoría de juegos— resulta clave para generar los incentivos correctos en las organizaciones autónomas descentralizadas, la forma de gobierno de las comunidades entre pares.

REFERENCIAS

1. Surowiecki, James. The Wisdom of Crowds. Anchor, Nueva York, 2004.
2. Lévy, Pierre. Cyberculture. Rapport au Conseil de l’Europe dans le cadre du projet «Nouvelles technologies: coopération culturelle et communication», Ed. Odile Jacob, París, 1997.
3. Lévy, Pierre. L’intelligence collective. Pour une anthropologie du cyberespace, LaDécouverte, París,1994.
4. Brafman, Ori y Beckstrom, Rod. The Starfish and the Spider: The Unstoppable Power of Leaderless Organizations. Penguin Group (USA), 2006.
5. https://medium.com/agorachain-mag/descentralizaci%C3%B3n-comunidad-y-gobernanza-46db2f1dffb9?source=linkShare-575565e0fd61-1530000130
6. https://blog.ethereum.org/2014/08/21/introduction-futarchy/