Por Ismael Santiago Moreno
Universidad de Sevilla

Una posible gran crisis económica podría volver a amenazarnos entre 2020 y 2025 si no se pone freno al abrumador endeudamiento mundial, a las políticas proteccionistas que pueden derivar en guerras comerciales y a las decisiones irresponsables que mantienen bancos centrales como la FED y el BCE.

Ante esta situación, entendemos que el comportamiento que tendrán las diversas commodities en los mercados financieros será fundamental para poder intuir una posibilidad de cambio de paradigma en un tiempo no muy lejano (crecimiento del precio del petróleo, que podría llegar a los 100 $ el barril este 2018, según Merrill Lynch) si se conjugara con las enormes posibilidades que ofrecen la tecnología blockchain (transparencia, veracidad e incorruptibilidad, entre otras) y las posibles criptomonedas basadas en materias primas, dotándolas de claros valores intrínsecos ligados a activos de la economía real, permitiendo con ello alinear los intereses de un desarrollo económico real y tecnológico global con los propios de los mercados financieros.

Esta idea ha sido la principal fuente de inspiración para emergentes proyectos en el ámbito de la criptoeconomía en proceso actual de ICOs, como OlivaCoin (en el ámbito agrario y en especial el aceite de oliva) y para otros productos tecnológicos como el grafeno desarrollado por el proyecto Graphen Tech, sin olvidarnos de otros con otra motivación como el Petro (petróleo) y OroCrypt, cuyos tokens están respaldados al 100% por lingotes de oro y cada uno representa la propiedad de 30 gramos de oro fino.

Aunque la economía mundial crece a un ritmo medio del 4%, según el FMI, la deuda global del mundo ascendió en 2016 a 164 billones de dólares, lo que equivale al 225% del Producto Interior Bruto (PIB) global. Con una peculiaridad más: el 60% de esta deuda (el 135% del PIB) es deuda privada, y el 40% restante, pública. Adquirida mucha de ella en tiempos de tipos de interés bajos o muy bajos, la cuestión es qué ocurrirá si sube el precio del dinero.

El proteccionismo es otro gran peligro en ciernes, como el establecimiento de aranceles al acero o al aluminio importado de China y el contraataque de este país con medidas de rango similar, llevando a una guerra comercial y de divisas entre las dos mayores superpotencias: EE UU y China.

La guerra entre EE UU y China es mucho más probable de lo que actualmente se reconoce, sobre todo si los líderes en Pekín y Washington siguen haciendo lo que han hecho durante la última década, con el agravante de que Xi Jinping y Donald Trump personifican las profundas aspiraciones de grandeza nacional de sus países respectivos.

Además, si China continúa con sus tendencias de crecimiento actuales, la economía del gigante asiático será un 50% más grande en 2023, y para 2040 será tres veces más grande. El impacto de este cambio de paradigma es difícil de imaginar.

Para explicar las desacertadas decisiones históricas de los bancos centrales, nos apoyaremos en las reflexiones de Rothbard (2018) sobre el orden mundial del siglo XX:

El patrón oro clásico, 1815-1914

Podemos considerar al patrón oro «clásico», el mundo occidental del siglo XIX e inicios del XX, como una Edad del Oro.

El oro se ha desempeñado durante muchos siglos en el libre mercado como el mejor dinero, como el producto que resulta ser el medio monetario más estable y deseable.

El patrón oro internacional ofrecía un mecanismo automático al mercado para controlar el potencial inflacionista del gobierno.

La Primera Guerra Mundial y su posguerra, 1914-1926

Para iniciar la catastrófica Primera Guerra Mundial, cada gobierno tuvo que incrementar su propia oferta de moneda bancaria y en papel. Esa inflación fue tan severa que fue imposible que los gobiernos en guerra mantuvieran sus compromisos, y así «abandonaron el patrón oro».

El patrón de intercambio por oro (Inglaterra y Estados Unidos), 1926-1931

El patrón de intercambio por oro funcionaba de la siguiente forma: Estados Unidos permanecía en el patrón oro, canjeando dólares por oro. Inglaterra y los otros países occidentales, por el contrario, volvían a un pseudopatrón oro, evitando que los ciudadanos corrientes de Inglaterra y otros países europeos utilizaran el oro en su vida diaria. Inglaterra canjeaba las libras no en oro, sino también en dólares, mientras que otros países no canjeaban en oro, sino en libras. Y la mayoría de esos países fueron inducidos por Inglaterra a volver al oro en paridades sobrevaloradas. La consecuencia fue una pirámide con EE UU en el oro, las libras esterlinas en los dólares y las demás divisas europeas en libras: el «patrón de intercambio por oro», con el dólar y la libra como las dos «divisas clave».

 

Bretton Woods y el nuevo patrón de intercambio por oro, 1945-1968

El sistema era esencialmente el patrón de intercambio por oro de los años 1920, pero con el dólar desplazando violentamente a la libra esterlina como una de las «divisas clave». Ahora el dólar, valorado en 1/35 de onza de oro, iba a ser la única divisa clave. La otra diferencia con los años 1920 fue que el dólar ya no iba a ser convertible en oro para los ciudadanos estadounidenses. En su lugar, se continuó con el sistema de los años 1930, con el dólar solo convertible en oro para gobiernos extranjeros y sus bancos centrales. No se otorgaba a ningún individuo privado, solo a los gobiernos, el privilegio de canjear dólares en la divisa oro mundial.

Fin de Bretton Woods: divisas fiduciarias flotantes, agosto-diciembre de 1971

Como finalmente los bancos centrales europeos amenazaban con canjear por oro buena parte de sus hinchadas existencias en dólares, el presidente Nixon abandonaba totalmente el oro. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, el dólar era una moneda únicamente fiduciaria, sin ningún soporte en el oro.

Divisas fiduciarias flotantes, marzo de 1973-actualidad

Con el dólar destrozado, el mundo volvió a cambiar a un sistema de divisas fiduciarias flotantes. Dentro del bloque de la Europa Occidental, los tipos de cambio se ligaron entre sí y de nuevo EE UU devaluó el tipo oficial del dólar a una cantidad simbólica de 42 $ la onza.

Desde que EE UU abandonó completamente el oro en agosto de 1971 y estableció el sistema fiduciario flotante friedmanita en marzo de 1973, Estados Unidos y el mundo han sufrido el ataque más intenso y sostenido de inflación en la historia del mundo, además de la extrema volatilidad e incertidumbre de los tipos de cambio, sin olvidarnos de las continuadas crisis.

Ante esta evolución histórica, la teoría austriaca del ciclo económico achaca el surgimiento de ciclos económicos recurrentes y de escala nacional a dos factores principales: la expansión del crédito de forma piramidal mediante la banca de reserva fraccionaria y los intentos de planificación central de la economía por parte de un banco central.

Estos dos factores se refuerzan, ya que los bancos centrales, como prestamistas de última instancia, permiten a los bancos con reserva fraccionaria seguir expandiendo el crédito más de lo que el mercado les permitiría. Siguiendo esta lógica, con un patrón oro debería haber más estabilidad de precios y ciclos económicos menos pronunciados.

Conviene recordar que, cuando la mayor parte del mundo abandonó el patrón oro en 1914, no fue porque hubiese cumplido mal su función, sino porque inmovilizaba a los beligerantes actores de la Primera Guerra Mundial.

Esta misma teoría sostiene que una expansión del crédito no respaldada por ahorro voluntario previo, mediante la manipulación a la baja del tipo de interés, tiende a aumentar la inversión y a crear un falso auge económico, dado que los precios relativos han sido distorsionados por la mayor masa de dinero circulante en la economía, donde tarde o temprano producirán burbujas que inevitablemente acaban estallando.

Como sostiene López Zafra (2014), en una economía donde impera la incertidumbre extrema, las posibilidades de quiebra son altas, siendo altamente improbable que los recursos financieros que un inversor pueda obtener prestados se destinen a la creación de capital productivo (I+D+i, nuevas industrias, inversión en bienes de equipo, etc.), sino más bien a la adquisición de empresas en los mercados financieros, en un contexto histórico actual de bajos tipos de interés. De esta manera, no se genera capital productivo adicional, que necesitaría la contratación de nuevos trabajadores, sino que simplemente se transfiere la propiedad del ya existente: el nuevo propietario tratará de buscar rentabilidad a su inversión mediante despidos para reducir costes.

Esta situación afectará a los que mantengan su puesto de trabajo, cuya incertidumbre generada incidirá en un menor consumo, lo que provocará más contracción económica, que será respondida por los bancos centrales mediante nuevas bajadas de tipos. Pero este contexto queda totalmente modificado ante las actuales subidas de las materias primas como el petróleo y otras, afectando al aumento de la inflación global y a una obligada subida de tipos.

Esto nos lleva a nuestra hipótesis para los años 2020 y 2025 y la función principal que a nuestro entender tendrán las criptomonedas y la tecnología blockchain como garantes de transparencia y veracidad incorruptible. Esta hipótesis será plenamente expuesta en la segunda parte de este artículo.