Por Gustavo Segovia

Hace millones de años, según cuenta la leyenda andina, habitaban en el cosmos dos hermanos, de nombres Pachacamac y Wakon. El primero manejaba la luz y el poder de la creación, mientras el segundo era un apoderado de las fuerzas del fuego y el caos. Un día encontraron a una joven diosa, bella y hermosa, de nombre Pachamama, de quienes ambos se enamoraron y a quien cortejaron. Pachamama, encantada por el poder creador de Pachacamac, eligió a este como esposo, mientras que Wakon empezó a sumergirse en sentimientos desconocidos para él, como la envidia y la ira. Wakon decidió entonces encargarse de sabotear la felicidad de la pareja, atacando y dañando la integridad de Pachamama, a la vez que ofuscaba con obscuridad y desorden la conexión que esta tenía con Pachacamac, terminando por intoxicar la vitalidad y pureza de la joven diosa.

Pachamama, o la Madre Tierra, como la conocemos en nuestra cultura occidental, es fuerte y asombrosa, constituye fuente de vida y de energía, nos da oxígeno de sus árboles, agua de sus ríos, y comida de su tierra y sus mares. Se trata de la Madre en común de los reinos animales, vegetales y minerales que conviven en nuestro planeta. Es esa Madre que nos ofrece su amor incondicional, a pesar de que a veces no solo nos olvidamos de ella, sino que, en pro de nuestros beneficios individuales, terminamos haciéndole un daño increíble, al abusar tanto de los recursos que obtenemos de ella como de la polución que producimos y le arrojamos en la cara.

Lo que probablemente me atrae más de la criptoeconomía es que, al ser una ciencia apenas naciente, deja más trabajo a la imaginación que a la comprobación de teorías mediante el método científico. Esto lo veremos seguramente en los próximos años, cuando nos aventuremos a ejecutar nuevos conceptos de criptoeconomía aplicada más allá de los primeros experimentos de éxito, como han sido la creación y ampliación de las redes Bitcoin y Ethereum. Estas gozan de una ventaja muy relevante: el hecho de crear y realizar transacciones con activos netamente digitales.

Establecer un modelo criptoeconómico para optimizar la generación y el flujo de valor entre los humanos y la Pachamama puede parecer una historia y utopía propias de una serie de cripto-ficción, pero como en realidad no sabemos aún casi nada de cómo será el futuro de la criptoeconomía, he decidido aventurarme a explorar una interacción económica entre un humano tipo, y la Pachamama. Ya que en las ediciones #1 y #2 del magazine hemos ido definiendo y compartiendo diferentes conceptos sobre criptoeconomía, en este número exploraremos el área de la teoría de juegos y especularemos un poco sobre nuestra manera de comportarnos e intercambiar valor con nuestra Madre Tierra.

John Nash se ha merecido un premio Nobel y una película basada en su vida y trabajo al demostrar que cualquier juego con un número finito de estrategias tiene al menos una estrategia de equilibrio a la que individuos racionales acudirán con tal de maximizar sus beneficios o minimizar sus pérdidas en un entorno no cooperativo o, lo que es lo mismo, una situación carente de comunicación y confianza entre las partes, donde se presupone incierta la estrategia de la otra parte implicada. El dilema del prisionero propone una ejemplificación clásica de la teoría de juegos, donde Nash demuestra que el equilibrio entre las partes, o la apuesta más certera de cada una de ellas, está en aquel caso donde, a pesar de obtener un máximo perjuicio común, se obtiene un beneficio individual aceptable respecto a un posible cambio de estrategia de la otra parte involucrada. Es decir, es el típico caso donde disponemos de la siguiente matriz de resultados según las estrategias conjuntas de dos individuos:La estrategia más racional para cada individuo será desertar, ya que, al desconocer las intenciones del otro individuo, se querrá evitar una pérdida sustancial, teniendo a la vez la posibilidad de obtener una ganancia sustancial en caso de que el oponente decida colaborar con nosotros.

Si nos detenemos a extrapolar este ejemplo a la relación económica entre el humano y la Pachamama, y considerando de nuevo que nuestra Madre Tierra es un ente que nos ama y nos provee incondicionalmente, ergo solo coopera con nosotros, obtendríamos una matriz de la siguiente forma:

Ya que en líneas generales (dejando fuera casos aislados que pueden ser interpretados como deserción hacia el humano, como los «desastres» naturales, que según la mitología andina son producto de las acciones malintencionadas de Wakon), la Pachamama siempre cooperará con nosotros: siempre alimentará a sus árboles para que nos den oxígeno, siempre catalizará el ciclo del agua para que podamos beber, y siempre nos dará su tierra y demás recursos para que podamos comer y extraer minerales, siempre… Siempre que pueda, claro, pues si bien la Madre Tierra dispone de recursos renovables que podríamos aprovechar de manera ilimitada, el hecho de que le ocasionemos repetidas y constantes pérdidas sustanciales podrá provocarle una infertilidad o escasez tal que le imposibilite ofrecer más recursos, pues se le habrán acabado. Si así fuera, Wakon ganaría su batalla y la Pachamama se extinguiría con todos los que habitan en ella.

Muchos economistas y demás expertos en sistemas de producción afirman que la humanidad se encuentra en sus mejores momentos de productividad y de avances tecnológicos. Hemos logrado avances que hace pocos decenios eran impensables, pero, ¿nos hemos detenido a pensar a qué coste? ¿No será acaso que nos estamos aprovechando de una actitud colaboracionista de la Pachamama para así desertar continuamente, y mientras que nosotros como humanos obtenemos ganancias sustanciales, ella obtiene pérdidas sustanciales? Considerando que en el último decenio también hemos llegado a récords en la emisión de dióxido de carbono (CO2), perjudicando así la salud de todos los que habitamos en el planeta, resulta fácil llegar a la conclusión de que nuestra inconsciencia humana y nuestro raciocinio cortoplacista siguen apostando por la deserción como mecanismo de obtener ganancias individuales al coste de perjudicar el bien común. Es decir, apostamos por el equilibrio de Nash en nuestras relaciones con la Pachamama sin advertir que tal equilibrio no se dará, ya que existe en un escenario donde la otra parte siempre colabora. Así, solo existiría un juego con dos opciones: una donde jugamos a favor de las dos partes (pero en contra de beneficios propios «superiores») y otro escenario de carácter sádico, donde nos aprovechamos de la colaboración de nuestra contraparte para abusar de ella con un sadismo generalmente inconsciente (en lenguaje coloquial, para «darle por el culo»).

Es de gran necesidad acotar que el equilibrio de Nash está definido para ambientes no cooperativos o, lo que es lo mismo, entornos que no permiten la comunicación o confianza entre las partes para que estas puedan tomar acuerdos previos a las decisiones o a la ejecución de las mismas. En ambientes cooperativos, que permitan la comunicación y la confianza entre las partes, las reglas del juego cambian en favor de la consecución de objetivos en común y se promueven procesos de decisiones consensuadas que busquen maximizar el bienestar de las partes involucradas.

Y es que, claro, ¿cómo ha de ser posible establecer un ambiente cooperativo entre humanos y la Pachamama si nuestra raza parece haber perdido su conexión y comunicación con la Madre Tierra? ¿Cómo vamos a cooperar con alguien a quien recordamos solamente un día al año, como el pasado 22 de abril, Día Internacional de la Tierra? Entiendo que hablar del establecimiento de un sistema de comunicación y confianza con la Pachamama sobre el cual generar e intercambiar valor puede sonar muy espiritual o incluso esotérico para el lector tipo de AgoraChain, pero vamos, que la imaginación del humano también nos ha traído avances tecnológicos e indicadores de rendimiento con los que podríamos jugar para promover e incentivar la colaboración a favor de nuestro planeta y su bienestar.

Situémonos en un momento en el año 2028: las blockchains públicas han superado sus retos de escalabilidad, y estamos rodeados de sensores IoT que computan todo a nuestro alrededor, desde dispositivos que miden los latidos de nuestro corazón y alimentan algoritmos de prevención cardíaca hasta otros que registran el detalle del consumo energético de nuestras casas y sus variaciones. De hecho, una DAO llamada Homnergy habrá conseguido desarrollar un sistema criptoeconómico para que cada familia en cada hogar pueda ser recompensada con Homnergy Tokens (HNT) por tomar conciencia de un uso energético responsable (o castigada por un uso irresponsable). Es decir, se minan tokens por cumplir con unos indicadores diarios que disminuyan la contaminación de cada hogar, y se queman tokens de la wallet de un hogar cuando esta sobrepasa tales indicadores. El valor del HNT estaría respaldado por colaterales apoyados por distintos individuos y organizaciones interesados en la salud de nuestro planeta, el token sería demandado por cada familia, y así contribuiríamos todos con un planeta limpio y saludable mientras ganamos dinero.

Regresando al año 2018, a día de hoy ya existen iniciativas como ClimateCoin, que busca tokenizar bonos de carbono y luchar contra la contaminación democratizando el acceso a los mercados de tales bonos, mientras que otras más antiguas como SolarCoin permiten minar su criptomoneda con la generación de energías verdes.

A la Madre (Tierra) no solo se le debe respetar, también se le debe valorar. Como humanidad hemos fallado al reconocer el valor intrínseco a ella que se nos ha ofrecido de manera tan cordial y desinteresada. ¿Será que con la llegada de la criptoeconomía podremos tener éxito en crear los sistemas de incentivo para que tomemos conciencia de que hay algo muy importante que nos trasciende a nosotros como individuos y de lo cual además todos dependemos para trascender como especie y sociedad?

La ONU ya tiene muy definida su lista de Objetivos de Desarrollo Sostenible. Os invito a darle una mirada y pensar vosotros en algún caso de uso donde podamos minar y hacer tangible algún tipo de valor que al día de hoy haya estado escondido e imaginar cómo hacer nacer una economía de ello.