Por Eduardo José Sanchez Ávila

La explosión especulativa de 2017 va a continuar este año, con unas 1.500 criptomonedas listadas dentro de las diferentes plataformas de capitalización y cotizando en el mercado mundial, un número no bien determinado de criptos regionales comercializándose localmente y unas 900 campañas ICO (oferta inicial de moneda) lanzadas oficialmente el año pasado, de las cuales el 46% fracasaron y un 13% están prácticamente extinguidas. Todavía hay bastante mercado para continuar con el pump y dump de algunos.

Es impresionante ver cómo la mayoría de esas ofertas iniciales fueron lanzadas en países en vías de desarrollo. En África, por ejemplo, no sobrevivió ninguna, y a pesar de todas sus «obvias» señales de inviabilidad, falta de transparencia, carencia de propuestas, incluso de manifiesta intención de defraudar, como Ponzicoin, estos proyectos no exitosos lograron reunir más de 223 millones de dólares. De locos, ¿no? Pero es que la cosa no se queda ahí: de las cerca de dos mil criptomonedas que hay en el mercado, cuando te dedicas a revisar su código, su whitepaper, su desarrollo de software, sus propuestas (en fin, su diseño y para qué fueron creadas), pues simplemente llegas a la conclusión de que para nada, no tienen ni pies ni cabeza, pero están capitalizadas, se comercializan, se intercambian y la gente habla de ellas como una «inversión».

Este baile se adereza con quienes dentro de las redes se presentan en sus grandes carros y su flamante vida como gurúes de las criptomonedas, se organizan en congresos y conferencias internacionales, y usan de manera profunda un marketing de baile continuo. De la noche a la mañana, abundan los expertos en ganar dinero a montones y rápido, todos quieren entrar a la rumba. Por supuesto, pudimos ser testigos de cómo hace poco, por montones, se agolpaban los inversores que sufrían FOMO (miedo a quedarse fuera), haciendo filas para llevar todo esto hasta las últimas explosiones. Claro, los incautos siempre serán los que pierden y algunos pocos, muy pocos, saldrán antes del golpe.

La situación la han aprovechado al máximo los naturales enemigos de la blockchain y las criptomonedas, moviendo rápida y profundamente sus impresionantes tentáculos de poder. Han diseminado en infinidad de ocasiones la muerte del ecosistema, han matado al Bitcoin, punta de lanza para el ataque, tantas veces, que cuando leo un nuevo obituario, tengo que buscar la fecha, para comprobar si se ha producido ahora o fue el último que leí. Cualquiera podría decir que simplemente ilustran lo que originalmente tocamos al principio de este artículo, pero no, la cosa no es así, su interés está en manifestar hasta el infinito todos y cada uno de los aspectos que irremediablemente surgen cuando se está produciendo un cambio de sistema.

La disrupción de las criptos trae su dosis de especulación y a los medios de comunicación de masas, relacionados con los grandes capitales, les interesa llevar la mayor cantidad de ruido posible. La idea es que no veas lo que realmente está pasando y ciertamente lo sustancial del movimiento de la blockchain.

Ahora, y no sé si siempre, los escándalos, las burbujas, el affaire y los reality shows resultan más entretenidos para muchos que una serie de foros y talleres de códigos abiertos y desarrolladores explicando la necesaria escalabilidad que deben tener los proyectos que pretendan ser exitosos, entre otras tantas cosas importantes que todavía generan y van a generar productivas y cambiantes discusiones. Pero eso es precisamente parte del reto que tenemos por delante. Hay que seguir rompiendo el cerco de la ignorancia y la manipulación. La educación y formación se convierten en tareas de primer orden que hay que continuar ejerciendo todos los días.

Fíjense en un dato sencillo: cuando el mercado de criptomonedas baja o sube abrumadoramente, a la mayoría les afecta. Para nada hay diferenciación: si tal o cual proyecto es más sólido, si es un chiste, si actualizó sus capas de software, si firmó algún contrato o alianza importante… Simplemente se suben todas a esa montaña rusa y bambolean hasta que nuevamente se estabilizan y vuelven a enderezarse, así que no hay varita mágica, ni gurúes del descubrimiento que adivinen: esta sí, aquella no. Nos encontramos en la etapa de la especulación salvaje, cruda y bruta, así de sencillo.

Más allá de reconocer que la blockchain abarca industrias tan diversas como la agricultura, las finanzas, la salud, los bienes raíces, la electricidad o el oro, sabemos que estamos pasando en muchos casos a la etapa de implementación y operaciones de producción, pero es necesario mostrarse más activos a la hora de dar a conocer cómo se está avanzando. Hacer potable y digerible la cadena de bloques para las mayorías se convierte en nuestra tarea pendiente: que la gente normal pueda sentir, olfatear y degustar lo que toda esta disrupción puede hacer por ella, por su entorno, su presente y su futuro. Debemos profundizar en la comunicación académica y llevarla hacia todos, colocando lo social por encima de lo técnico, y siendo amigables con quienes queremos que entiendan que este nuevo mundo significa mucho más que criptomonedas y especulación financiera.

Este viaje se encuentra en sus primeras etapas. Como he dicho otras veces, en absoluto será una travesía tranquila. Siento que apenas estamos viendo las turbulencias en este horizonte, y que nos esperan tormentas mucho más fuertes. Por eso, hay que ir consolidando las bases que estamos fraguando en este momento. Es hora de que trabajen los plomeros, los fontaneros, los carpinteros y herreros de la blockchain. Debemos amarrar contundentemente las bases del ecosistema, pegar con esquemas flexibles pero seguros las partes del mismo, para que puedan resistir el colapso de los cuentos, de la avaricia. La explosión va a suceder, de eso no les quede duda: gran parte de estos intentos realizados con la única intención de especular van a reventarse. La movida será por lo demás espectacular, allí veremos de qué está hecho cada uno de los que queden vivos y a partir de ese momento podremos, sin lugar a dudas, empezar a edificar el tiempo de lo que llegó para quedarse.

No dejes que te ciegue la especulación. No por debajo, ni mucho menos por encima, sino a los ojos de todos, se construye una evolución importante de la sociedad que cambiará sus relaciones y su forma de vivir. Quizás se repita nuestra historia, y la mayoría no lo vea hasta que ya haya llegado, pero nos dirigimos hacia un nuevo estadio mundial. La globalización solo fue el principio, la descentralización distribuida de la humanidad es el próximo paso.