Por Igor Domsac

Hace tan solo cien años, plantas como el cannabis, el opio o la coca (y sus múltiples derivados) resultaban completamente legales y se dispensaban en farmacias como medicamentos para paliar el dolor y curar enfermedades. Como nos recuerda el infatigable y riguroso historiador Juan Carlos Usó, «las drogas habían formado parte del arsenal terapéutico de la humanidad desde tiempo inmemorial, y en cualquier botica o farmacia española de 1900 podía accederse libremente a todas ellas, a precios razonables: heroína y pantopón, a 5 pesetas el gramo; cocaína, a 4 pesetas; morfina, a 3 pesetas; extracto de cannabis y de opio, a 1 peseta; opio en polvo, a 60 céntimos el gramo; láudano Rousseau, a 40 céntimos; láudano Sydenham, a 30 céntimos; cloral, a 25 céntimos; éter, a 10 céntimos, etcétera. Además, aparte de estos y otros genéricos, existía una lista inagotable de específicos asimismo psicoactivos: jarabes de heroína, de Bayer y del Dr. Madariaga; jarabe de haschisch bromurado, del Dr. Jimeno; licor Montecristo de hachís; licor de cáñamo indiano, de Queralt; cigarrillos indios de Grimault & Cía., de cannabis índica; pastillas con cocaína, de Amargós, Bonald, Caldeiro, Crespo, Font, Houdé, Torrens, etcétera» (Cáñamo, n.º especial 2002, pp. 138-148).

 

«Los suburbios de Internet abarcan desde documentos secretos clasificados por los gobiernos y escondidos bajo las más recónditas cloacas del sistema, hasta mercados libres donde se comercia con todo tipo de artículos y servicios».

 

En las primeras décadas del siglo XX, por iniciativa de Estados Unidos, comenzó a orquestarse en todo el mundo, a través de diversos convenios, convenciones y conferencias internacionales, la que en el año 1968 el presidente Nixon bautizaría como «guerra contra las drogas». Desde entonces hasta hoy, la prohibición y persecución de sustancias estupefacientes ha traído como resultado uno de los mayores desastres sociales y medioambientales de la historia de la humanidad: cientos de miles de millones de dólares invertidos en reprimir a nuestra propia población, decenas de miles de muertos, heridos y encarcelados cada año, poderosísimas redes de narcotráfico, proliferación de sustancias adulteradas, violencia, sobredosis, criminalidad… Los problemas que hoy achacamos a las drogas se deben, principalmente, a su prohibición, una guerra demasiado cruenta que siguen alimentando nuestros gobiernos por motivos económicos y de política geoestratégica. Sin embargo, en términos de salud pública, su embarcación lleva decenios haciendo aguas por los cuatro costados.

Pero algo cambió en el año 2009 con la aparición de Bitcoin y su tecnología de cadena de bloques. Por primera vez en la historia, podíamos enviar dinero a cualquier parte del mundo sin contar con la ayuda de un intermediario que emitiera, respaldara o vigilara nuestro patrimonio. Al eliminar la necesidad de confianza en entes centrales o entidades privadas para sustentar la economía, Bitcoin permitió el nacimiento de mercados de drogas en los entornos de anonimato que provee la red TOR. The Onion Router, proyecto implementado por la Marina de Estados Unidos el 20 de septiembre de 2002, permite a los usuarios navegar por la red de forma anónima y prácticamente sin dejar rastro. Inicialmente financiado por el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos, pasó a finales de 2004 a ser patrocinado por la Electronic Frontier Foundation, organización para la defensa de las libertades civiles en el mundo digital, hasta noviembre de 2005. En la actualidad, el proyecto lo gestiona The Tor Project, una organización sin ánimo de lucro orientada a la investigación y la educación, financiada por distintas organizaciones. TOR es el submarino para bucear por las profundidades de la red. Según información obtenida de los documentos filtrados por Edward Snowden en 2013, la NSA supuestamente habría conseguido «romper» TOR y descubrir las identidades de sus usuarios, por lo que, para evitar el rastreo, conviene tomar medidas adicionales, como el uso de redes privadas virtuales.

 

 

Deep web
También conocida como deep web, la Internet profunda constituye un 95% de la red global y está constituida por contenidos que no se pueden indexar en los buscadores tradicionales. No se trata de una región prohibida o mística de Internet, y la tecnología relacionada con ella por lo general no es conspirativa, peligrosa o ilegal. Más de noventa petabytes de información y servicios ocultos que no se diferencian demasiado de lo que podemos encontrar en la superficie de Internet, pero que cuentan con el valor añadido de la privacidad: foros, comercio electrónico donde se preserva el anonimato, bibliotecas de documentos en PDF o TXT, servidores de correo, y muchas cosas más, como valores de Bolsa, información del tiempo, horarios de trenes, bases de datos sobre agencias de inteligencia, disidentes políticos y contenidos criminales. Dentro de la Internet profunda, la red oscura o dark net representa la parte cifrada de Internet que se aloja en servidores ocultos. Los suburbios de Internet abarcan desde documentos secretos clasificados por los gobiernos y escondidos bajo las más recónditas cloacas del sistema, hasta mercados libres donde se comercia con todo tipo de artículos y servicios.

Edward Snowden reveló al mundo las redes de la vigilancia global de todas nuestras sociedades basadas en Internet, pero detrás hay mucho más. El 25 de noviembre de 2017, Andreas Antonopoulos, en una charla impartida en Riga (Letonia), aseguraba: «La forma de vigilancia más penetrante e invasiva que existe es la red internacional de vigilancia financiera totalitaria. Cada vez que usas una tarjeta de débito, una tarjeta de crédito, una cuenta bancaria, cada transacción se envía a todos los servicios financieros y todos los gobiernos que tengan acceso a esta red. Cuando la gente critica al Bitcoin, dicen que hace posible la dark net. ¿Qué es la red oscura? Supuestamente es una red que permanece invisible para la mayoría de nosotros, que opera por encima o en paralelo a Internet y sobre la que ocurren cantidades masivas de actividades ilegales. Si eso es así, el nombre de la red oscura es Echelon, PRISM, Xkeyscore. Esos son los nombres de la red oscura. La dark net la operan las agencias de inteligencia porque ellas están cometiendo diariamente crímenes masivos contra los derechos humanos. Están orquestando una red de vigilancia financiera totalitaria que monitoriza las transacciones financieras de todo el mundo y, como resultado, la localización de todo el mundo, las preferencias de compra de todos los individuos, las preferencias políticas y el tipo de porno que ves. Porque todo ello se vincula a tu vida financiera. […] Ellos no temen a la dark net, simplemente no quieren que nosotros tengamos una también» [1].

La «Ruta de la Seda»
En febrero de 2011 se lanzó a las profundidades del ciberespacio Silk Road («Ruta de la Seda»), el primero y más conocido de los mercados clandestinos de la dark net, donde se compraban y vendían en un principio setas mágicas, y posteriormente todo tipo de sustancias psicoactivas, directamente desde el productor al consumidor, evitando el contacto con redes criminales y proporcionando productos de mejor calidad a precios más asequibles y con mejores garantías que en los supermercados de la droga situados en las periferias de cualquier ciudad. El 23 de septiembre de 2012, el temible pirata Roberts, capitán del barco, afirmaba: «Silk Road ya ha supuesto un impacto en la guerra contra las drogas. El efecto de la guerra es limitar el acceso de la gente a las sustancias controladas. Silk Road ha expandido el acceso de las personas. La grandeza del agorismo es que supone una victoria en miles de batallas. Cada pequeña transacción que tiene lugar fuera del alcance del control estatal es una victoria para los individuos involucrados en esa transacción. Así pues, aquí se producen miles de victorias cada semana y cada una marca la diferencia, fortalece el ágora, y debilita al Estado» [2].

 

 

El agorismo es una filosofía política que promueve la anarquía entendida como la eliminación del Estado y la protección de la soberanía del individuo por medio de la propiedad privada y el mercado libre. Pero el Estado, en su agonía, se revuelve y lanza sus últimos coletazos: el 2 de octubre de 2013, el FBI cerró la web de Silk Road y detuvo a su administrador, Ross Ulbricht, quien afirma que él solo había tomado el testigo del pirata Roberts original. Un mes después, el 6 de noviembre de 2013, aparecía Silk Road 2.0. El nuevo pirata Roberts aseguraba que «Silk Road 2.0 “no era ningún tipo de negocio o empresa, era un conjunto de personas que creían verdaderamente en un ideal, y querían apoyar esa idea con acciones que la gente normal no suele llevar a cabo”. Algunos beneficios que DPR2 observó incluían reducción de daños para los consumidores y mayor seguridad en el envío de la mercancía. “Era muy extremo” para ser activismo, declaró. “Nos basábamos en el ideal de poner nuestros principios antes de lo que la gente o la ley dijeran sobre ellos por ser algo en lo que creemos”» [3]. El nuevo capitán del barco declaró haber realizado «donaciones de miles de dólares para diferentes organizaciones y causas benéficas. Entre ellas estaba Tor Project (una organización no lucrativa para mantener el software de Tor) y algunas entidades que no tienen ninguna relación directa con la tecnología ni con las políticas de drogas, como albergues para niños que son víctimas de abuso».

El segundo barco fue abatido un año después, en noviembre de 2014. En junio de 2015, Ross fue sentenciado a dos cadenas perpetuas y cuarenta años de prisión por un tribunal federal de Manhattan. En cambio, Brian Richard Farrell, el diputado que ayudó a ejecutar el mercado ilegal de Silk Road 2.0, detenido en enero de 2015 dentro de la Operación Onymous, ha sido condenado a ocho años de cárcel. Su supuesto jefe, el cabecilla de Silk Road 2.0, Blake Benthall, también conocido como Defcon, fue arrestado en noviembre de 2014 en San Francisco y no ha habido información posterior sobre su paradero.

En julio del año 2017 cayeron Hansa y AlphaBay, dos de los más grandes mercados de la dark net, y algunos piensan que Dream Market, todavía existente, podría también estar controlado por las fuerzas del orden. Otros mercados que a día de hoy siguen en activo son T•chka (renombrado como Point Marketplace) y Zion Market. Estos lugares funcionan guardando los fondos de los intercambios en fideicomiso o escrow: los compradores envían Bitcoin u otras criptomonedas a una wallet de la página, los vendedores mandan el material y cuando este llega a su destino la página libera los fondos en la cartera del vendedor. Esto los ha hecho vulnerables a exit scams, un tipo de estafa en la que el dueño de la página o algún ciberdelincuente huye con las criptomonedas depositadas. Uno de los últimos exit scams fue el de Silk Road 3.0, el cual se declaró en bancarrota alegando que alguien había comprometido el mercado y había huido con los fondos. A día de hoy, su seguidora, Silk Road 3.1, sigue online y ofrece la posibilidad de utilizar otras criptomonedas como Litecoin, Ethereum y Monero, aunque según Deepdotweb.com podría resultar otro exit scam. Un mercado curioso es Cannabis Growers and Merchants Cooperative (CGMC), un mercado privado, al que solo se puede acceder con invitación, que desde junio de 2016 ofrece a sus miembros productos cannábicos y setas psicodélicas.

El camino hacia la descentralización
Sea como fuere, la centralización de estos mercados resulta netamente disfuncional, pues se concentra una enorme cantidad de dinero en un solo servidor, algo que se antoja demasiado goloso para todo tipo de parásitos del sistema. Otras alternativas incluyen redes P2P y foros donde organizar las transacciones sin intermediarios, como The Majestic Garden, un foro donde se anuncian psicodélicos de vendedores verificados y los usuarios dan su opinión sobre los productos adquiridos. Este tipo de solución entre pares también podría incluirse en la blockchain, si se desarrollara una aplicación que permitiera a los individuos realizar sus compras sin tener que pasar por un sistema de autenticación centralizado, lo cual facilitaría los intercambios, haciéndolos asimismo invulnerables a la intromisión de las fuerzas del orden. Algunos ejemplos de mercados descentralizados que nos pueden mostrar el camino son OpenBazaar, Particl o BitBay.

Entre las criptomonedas utilizadas en los más de treinta mercados actualmente disponibles en la dark net, el Bitcoin ha ido cediendo el paso a otras alternativas como Zcash y Monero. Zcash, lanzada en enero de 2016, es una criptomoneda enfocada en la privacidad y el anonimato de sus usuarios. Por su parte, Monero, creada a partir de Bytecoin, se ha vuelto muy popular entre los vendedores por su confidencialidad. Wall Street Market y Libertas Market son dos ejemplos de mercados donde comerciar con ella. Otras monedas enfocadas en la privacidad son Verge (XVG), PIVX, Dash, Zcoin (XZC) y NAV.

La guerra contra las drogas ha supuesto un infructuoso experimento en el que hemos intentado luchar contra nosotros mismos, nos hemos hecho mucho daño, y hemos perdido. Hace bastante tiempo que la guerra la han ganado las drogas. Ahora nos toca reconducir los recursos invertidos en reprimir delitos sin víctimas para destinarlos a labores más creativas y humanas, en busca de una gestión equilibrada entre los placeres que proporcionan las sustancias y los riesgos que estas implican. La tecnología nos ha liberado, pero aún no nos hemos dado cuenta. Bajo la superficie, hemos tejido un micelio, una gigantesca red, un revolucionario protocolo que supone un cambio radical en nuestro modo de concebir el mundo. La descentralización ha llegado para quedarse. A estas alturas, se ha globalizado, y ya no hay quien la detenga.

 


[1] https://www.youtube.com/watch?v=n4F-h4xuXMk
[2] https://www.forbes.com/sites/andygreenberg/2013/04/29/ collected-quotations-of-the-dread-pirate-roberts-founder-of- the-drug-site-silk-road-and-radical-libertarian/
[3] https://www.vice.com/es_mx/article/7bywbb/la-vida-se- creta-del-genio-detras-de-silk-road-20