Por Igor Domsac y Manel Tarh

«El mejor Estado es efectivamente aquel que menos gobierna: el que no gobierna nada en absoluto. El anarquismo es autogobierno y supone la defensa radical y consecuente de la libertad. El anarcocapitalismo o sistema de ley policéntrica mediante jurisdicciones competitivas es una organización social espontánea, autónoma, no coactiva, un orden voluntario cooperativo basado en la ética objetiva y universal de la libertad y la justicia rectamente entendida como el derecho individual de propiedad privada. El anarquismo no significa caos, desorden o salvajismo, sino simplemente ausencia de Estado monopólico. El anarquismo liberal implica la abolición de todas las formas de Estado por innecesarias, peligrosas e indeseables. No es un anarquismo comunista o anarcocomunismo, sistema inviable en el cual no se reconoce el derecho de propiedad. Existen instituciones, leyes y agencias de seguridad, pero no son impuestas mediante la violencia. Se trata de una heterarquía o estructura de red, y no una jerarquía o estructura de árbol. Anarquismo y mercado no son contradictorios: propiedad y Estado sí que son incompatibles»
(Francisco Capella)

«Más allá de su poder económico, blockchain nos permite la búsqueda de una cultura y una sociedad libres, edificadas sobre muy sólidos pilares: la libertad de expresión, el respeto por los derechos humanos, y la ética de la información».

Con el fin de construir unos cimientos sólidos que sostengan con firmeza el nuevo paradigma social y económico que se nos avecina, conviene conocer los antecedentes que han permitido que la descentralización haya pasado de constituir una utopía imposible a convertirse cada vez más rápidamente en realidad. Este nuevo protocolo de la confianza —que nació justo después de la crisis financiera de 2008 como una ofensiva contra las manipulaciones políticas, la extorsión masiva, la inflación del dinero fiduciario y el fraude bancario— hunde sus raíces en el movimiento cypherpunk, un colectivo de visionarios que, ya en la década de los ochenta y noventa, fueron moldeando y difundiendo herramientas para preservar la privacidad de todos los individuos que conforman nuestra sociedad.

Disolución de barreras

Bitcoin, y muchas otras criptomonedas, actúan como catalizadores de esta libertad. No solo se han creado para mejorar la tecnología financiera, sino para ejercer como instrumento monetario con el que debilitar a la autoridad. El enigmático Satoshi Nakamoto mencionaba en el whitepaper de Bitcoin que este permitía prescindir de los intermediarios redundantes y los bancos. Su intención era frustrar las influencias corruptoras y devolver el dinero a las manos de la gente.

Y Bitcoin fue solo el primero: dinero sin confianza y sin fronteras. Fue creado para transformar el control centralizado del capital por parte de los gobiernos y descentralizar el poder de las grandes corporaciones, monolíticas instituciones, y también los cárteles bancarios.

Hoy en día, se ha convertido en el superordenador más potente del mundo. Se ha reproducido, ha atravesado bifurcaciones y batallas de poder, lo han atacado por todos sus flancos y ahí sigue, vivito y coleando, diseminando su semilla descentralizadora por todos los ámbitos de nuestra vida. Ya no se trata únicamente de dinero: sus posibilidades resultan infinitas. Incluso los grandes bancos y gobiernos abrazan con entusiasmo las evidentes mejoras proporcionadas por la seguridad criptográfica e inmutabilidad que ofrece la cadena de bloques.

Adaptarse o morir

La cadena de bloques libera al ser humano de sus propias cadenas. Las matemáticas han llegado para retirar el velo que nos separa de la libertad. Si nos miramos a los ojos, y no a los a los egos, percibiremos con claridad que un nuevo mundo está emergiendo. Se disuelven las fronteras, hemos recuperado la autonomía financiera. Bienvenidos a la nueva era, la Edad de Crypto, economía y política colaborativa, sin jerarquías, sostenible con el planeta, nodos unidos que catalizan energías para que entre todos convirtamos en una divertida fiesta nuestras propias vidas.

Más allá de su poder económico, blockchain nos permite la búsqueda de una cultura y una sociedad libres, edificadas sobre muy sólidos pilares: la libertad de expresión, el respeto por los derechos humanos, y la ética de la información. Socialmente, constituye un camino para tejer redes con las que construir, desde el cariño, el mundo que tanto anhelamos. Sociedades horizontales e igualitarias de seres humanos que comparten sus recursos para abolir entre todos la miseria.

El criptoanarquismo constituye una ideología enfocada en la privacidad y la libertad individual, valiéndose de la criptografía asimétrica para asegurar la propiedad de nuestros datos y nuestras riquezas, para que recordemos que vivimos siempre rodeados de abundancia eterna. El término, popularizado por Timothy C. May en su «Manifiesto criptoanarquista», aparece descrito por Vernor Vinge como «la realización ciberespacial del anarcocapitalismo».

Los gobiernos dependen del dinero para subyugar a los ciudadanos. A lo largo de la historia, los políticos han llevado a cabo fechorías, asesinando y extorsionando a sus ciudadanos porque disponían del monopolio para acuñar dinero, creándolo de la nada. Esto se llama inflación. Cuando los gobiernos poseen un dominio central sobre el dinero, pueden inflar la moneda en circulación sin ninguna consecuencia. Si una persona normal hace lo mismo, se denomina falsificación. Esta es una razón por la cual los criptoanarquistas buscan liberar a las personas del gobierno, y una de las razones morales y financieras más importantes por las cuales los gobiernos resultan innecesarios e incluso peligrosos.

Declararle la guerra a la libertad nos priva a nosotros mismos de ella. Y, sin libertad, como especie, nos extinguimos. Ya no resulta sostenible perpetuar ese ritmo cíclico de desequilibrio, sobreproducción, crecimiento, guerras de poder e inflación. Gracias, gobiernos del mundo, por conducirnos hasta aquí y demostrarnos mediante la fuerza que habéis dejado de resultar necesarios. El pueblo prescindirá muy pronto de vuestros servicios: las máquinas ya lo hacen mejor. Y con mucha menos corrupción. Pueden ustedes retirarse a descansar y disfrutar del nuevo mundo que, entre todos, dibujamos cada día con la pluma de nuestros sueños y nuestras acciones creativas.

 

«A los anarquistas les compete la especial misión de ser custodios celosos de la libertad,
contra los aspirantes al poder y contra la posible tiranía de las mayorías»
(Enrico Malatesta)

 

Manifiesto criptoanarquista

Un espectro está surgiendo en el mundo moderno, el espectro de la criptoanarquía. La informática está al borde de proporcionar la capacidad a individuos y grupos de comunicarse e interactuar entre ellos de forma totalmente anónima. Dos personas pueden intercambiar mensajes, hacer negocios y negociar contratos electrónicos, sin saber nunca el Nombre Auténtico, o la identidad legal, de la otra. Las interacciones sobre las redes serán intrazables, gracias al uso extendido de reenrutado de paquetes encriptados en máquinas a prueba de manipulación que implementen protocolos criptográficos con garantías casi perfectas contra cualquier intento de alteración. Las reputaciones tendrán una importancia crucial, mucho más importante en los tratos que las calificaciones crediticias de hoy en día. Estos progresos alterarán completamente la naturaleza de la regulación del gobierno, la capacidad de gravar y de controlar las interacciones económicas, la capacidad de mantener la información secreta, e incluso alterarán la naturaleza de la confianza y de la reputación.

La tecnología para esta revolución (y seguramente será una revolución social y económica) ha existido en teoría durante la última década. Los métodos están basados en el cifrado de clave pública, sistemas interactivos de prueba de conocimiento cero, y varios protocolos de software para la interacción, autenticación y verificación. El foco hasta ahora ha recaído en conferencias académicas en Europa y EE UU, conferencias monitorizadas de cerca por la Agencia de Seguridad Nacional. Pero solo recientemente las redes de computadoras y ordenadores personales han alcanzado la velocidad suficiente para hacer las ideas realizables en la práctica. Y los próximos diez años traerán suficiente velocidad adicional para hacer estas ideas factibles económicamente y, en esencia, imparables. Redes de alta velocidad, ISDN, tarjetas inteligentes, satélites, transmisores Ku-Band, ordenadores personales multi-MIPS, y chips de cifrado ahora en desarrollo serán algunas de las tecnologías habilitadoras.

El Estado intentará, por supuesto, retardar o detener la diseminación de esta tecnología, citando preocupaciones de seguridad nacional, el uso de esta tecnología por traficantes de drogas y evasores de impuestos y miedos de desintegración social. Cualquiera de estas preocupaciones serán válidas; la criptoanarquía permitirá la comercialización libre de secretos nacionales y la comercialización de materiales ilícitos y robados. Un mercado computerizado anónimo permitirá incluso el establecimiento de horribles mercados de asesinatos y extorsiones. Varios elementos criminales y extranjeros serán usuarios activos de la CryptoNet. Pero esto no detendrá la extensión de la criptoanarquía. La criptoanarquía, combinada con los mercados de información emergentes, creará un mercado líquido para cualquier material que pueda ponerse en palabras e imágenes. Y de la misma manera que una invención aparentemente menor como el alambre de púas hizo posible el cercado de grandes ranchos y granjas, alterando así para siempre los conceptos de tierra y los derechos de propiedad en las fronteras de Occidente, así también el descubrimiento aparentemente menor de una rama arcana de las matemáticas se convertirá en el alicate que desmantele el alambre de púas alrededor de la propiedad intelectual.

¡Álzate, no tienes nada que perder excepto tus vallas de alambres de púas!

Timothy C. May, 1992

 

Un manifiesto cypherpunk

La privacidad es necesaria para una sociedad abierta en la era electrónica. La privacidad no es secretismo. Una cuestión privada es algo que no queremos que todo el mundo sepa, pero una cuestión secreta es algo que no queremos que nadie sepa. La privacidad es la capacidad de revelarse selectivamente al mundo.

Si dos personas están haciendo cualquier tipo de transacción, entonces tienen un recuerdo de su interacción. Cada uno de ellos puede hablar de su propio recuerdo sobre el tema. ¿Cómo podría prevenirse esto? Quizás se podrían presentar leyes en contra, pero la libertad de expresión es aún más fundamental para una sociedad abierta que la privacidad; nuestra intención no es restringir la libertad de expresión. Si muchas personas hablan juntas en un mismo foro, cada una puede hablar a las demás y aumentar el conocimiento global acerca de esas personas. Las posibilidades de las comunicaciones electrónicas hacen posibles grupos así, y no van a desaparecer solo porque nosotros queramos.

Ya que deseamos la privacidad, tenemos que asegurar a cada persona que intervenga en una transacción que solo conozca lo que es estrictamente necesario para esa transacción. Ya que cualquier información puede expresarse, tenemos que asegurarnos de que revelamos lo mínimo posible. En muchos casos, la identidad personal no es significativa. Cuando compro una revista en un quiosco y pago al contado, el quiosquero no tiene ninguna necesidad de saber quién soy.

Cuando le pido a mi proveedor de correo electrónico la capacidad de recibir y enviar mensajes, mi proveedor no tiene por qué saber con quién hablo, qué digo o qué me dicen. Mi proveedor solo tiene que saber dónde obtener el mensaje y cuánto le debo. Cuando mi identidad se revela debido al mecanismo de la transacción, no tengo privacidad. No puedo por tanto revelarme selectivamente; estoy obligado a revelarme siempre.

Así pues, la privacidad en una sociedad abierta requiere sistemas anónimos para efectuar transacciones. Hasta ahora, los billetes y las monedas han sido el mecanismo principal para asegurar la privacidad. Un sistema para transacciones anónimas no es un sistema para transacciones secretas. Un sistema anónimo ofrece la capacidad a los individuos para revelar su identidad sólo cuando lo deseen; esta es la esencia de la privacidad. Así mismo, la privacidad en una sociedad abierta requiere la criptografía. Si yo digo algo, quiero que lo oigan solo aquellos a los que iba dirigido lo que decía. Si el contenido de mi discurso se encuentra al alcance de todo el mundo, no tengo privacidad. Cifrar es indicar que se desea la privacidad y cifrar con sistemas criptográficos «débiles» es indicar que no se tiene un gran interés en la privacidad. Además, revelar la propia identidad de forma que no haya dudas cuando lo estándar es el anonimato requiere un sistema de firmas criptográficas.

No podemos esperar que los gobiernos, la corporaciones y otras grandes organizaciones sin rostro nos garanticen la privacidad sin sacar beneficios de ello. A ellos les resulta beneficioso hablar de nosotros, y podemos esperar que lo harán. Intentar evitar sus discursos es luchar contra la esencia de la información. La información no solo quiere ser libre, anhela ser libre. La información se expande hasta ocupar todo el espacio disponible. La información es el primo más joven y más fuerte del Rumor. La información tiene más ojos, sabe más y entiende menos que el Rumor.

Tenemos que defender nuestra privacidad si es que queremos tenerla. Tenemos que unirnos y crear sistemas que permitan las transacciones anónimas. La gente ha estado defendiendo su privacidad durante siglos mediante susurros, oscuridad, sobres, puertas cerradas, apretones de manos en clave y mensajeros. Las tecnologías del pasado no permitían una encriptación «fuerte», pero las actuales sí.

Nosotros los cypherpunks nos dedicamos a construir sistemas anónimos. Defendemos nuestra privacidad con criptografía, con sistemas de envío anónimo de e-mail, con firmas electrónicas y con dinero electrónico.

Los cypherpunks programan. Sabemos que alguien tiene que escribir software para defender la privacidad, y puesto que no podemos obtener privacidad hasta que todos la tengamos, vamos a programar. Publicamos nuestro código de manera que nuestros compañeros cypherpunks puedan practicar y jugar con él. Nuestro código es gratis para que todo el mundo pueda usarlo. No nos importa si no apruebas el software que escribimos. Sabemos que el software no puede ser destruido y que un sistema ampliamente disperso no puede cerrarse.

Los cypherpunks deploran las regulaciones en criptografía, pues la criptografía es fundamentalmente un acto privado. El acto de cifrar de hecho retira la información del dominio público. Incluso las leyes contra la criptografía no pueden ir más allá de las fronteras nacionales y de su brazo armado.

La criptografía va a extenderse en todo el mundo, y con ella los sistemas de transacciones anónimas que la hacen posible. Para que la privacidad se extienda tiene que formar parte de un contrato social. La gente tiene que unirse y usar estos sistemas para el bien común. La privacidad sólo se extenderá mientras los miembros de la sociedad cooperen entre sí.

Nosotros los cypherpunks esperamos vuestras preguntas y vuestras preocupaciones y esperamos engancharte para que no nos autoengañemos. Sin embargo, no pensamos apartarnos de nuestro curso porque algunos no estén de acuerdo con nuestras metas. Los cypherpunks se muestran activamente enganchados en el logro de unas redes más seguras para la privacidad. Trabajemos juntos. Adelante.

Eric Hughes, 9 de marzo de 1993.