Por Zodier Murray

Muchos atribuyen erróneamente a Satoshi Nakamoto el concepto de Proof-of-Work (PoW o prueba de trabajo), pero su primera aparición en un proyecto real data de 1997 cuando Adam Back introdujo Hashcash, un sistema para evitar el SPAM masivo por el cual si alguien quería enviar un correo electrónico debía estar dispuesto a calcular previamente un hash, de manera que solamente si se tenía el suficiente interés para mandarlo se estaría dispuesto a “pagar” el coste en tiempo y en procesamiento que llevaba calcular el hash.
Tras varios intentos no muy fructíferos de hacer funcionar un sistema basado en prueba de trabajo, en 2009 aparece el whitepaper de Bitcoin donde se define un nuevo sistema PoW distribuido que recompensa a los participantes.


Proof-of-Work


En el modelo de Bitcoin los participantes (conocidos popularmente como mineros) deben calcular un hash cuya dificultad es variable dependiendo del numero de participantes para
que, aproximadamente, siempre se tarde lo mismo en encontrar el siguiente que les permita procesar un bloque que contendrá las últimas transacciones de la red para que lleven a cabo. Y cada vez que esto ocurre, quien descubre primero este hash recibe una recompensa, motivando de este manera que siga utilizando sus recursos físicos (CPU, electricidad, etc…) para mantener la red.
Pero con el tiempo, y debido a la popularidad de Bitcoin, cada vez más personas quieren participar del proceso de “minado” de esta red ya que cada vez que se descubre un hash y se escribe un bloque en la cadena también se crea y se recibe nueva moneda. Esto hace, debido a como está definido el protocolo, que a más personas intentando encontrar el hash, más difícil se vuelve el proceso, requiriendo cada vez de procesadores más potentes (y caros) y aumentando el consumo eléctrico requerido para llevar a cabo las operaciones matemáticas. Hemos llegado incluso al punto en el que el proceso de minado de la red de Bitcoin superó recientemente el consumo de 130 países juntos,
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y aunque no nos debemos dejar llevar por titulares de los medios, si que debemos tener claro que el consumo actual de energía para mantener la red es innecesariamente alto, ya que toda esta electricidad no se usa con ningún fin específico, solamente calcular millones de operaciones hasta encontrar una solución específica. Nada más.


Proof-of-Stake


En contra de PoW donde solo quien pueda permitirse la tarjeta gráfica más cara del mercado y pagar la factura de luz a final de mes puede participar en la prueba de participación cualquiera puede participar de la red sencillamente por el mero hecho de disponer de monedas de dicha red.


En este tipo de red la probabilidad de que a un participante procese un bloque de transacciones es directamente proporcional a la cantidad de monedas que tiene acumuladas; cuantas más monedas tengas, más posibilidades de procesar un bloque; dado que se presupone que si un participante posee suficiente cantidad de dicha moneda está suficientemente interesado en la supervivencia de la misma, por lo que son los más indicados para cargar con la responsabilidad de proteger al sistema de posibles ataques. De esta manera no se requiere de cálculos criptográficos muy complicados y permite participar con cualquier ordenador sencillo.


Existen diversas variaciones de este sistema, como LPoS (Leasing Proof of Stake), donde cualquier participante puede “prestar” sus monedas a otro participante para que así su probabilidad de procesar un bloque sea aún mayor. De esta manera se pueden crear comunidades que “sumen” su participación con el fin de tener más probabilidades de
procesar un bloque. Es importante saber que en este modelo las monedas prestadas nunca abandonan realmente el monedero del usuario, únicamente se notifica a la red de que sus monedas ya no deben contar para su propia participación, si no que deben sumar para la participación de otro monedero. De la misma manera, en cualquier momento el usuario puede recuperar el control de sus monedas si desea trabajar con ellas o, sencillamente, ya no confía en el buen hacer del participante al que le había depositado su confianza.


Moviéndonos a PoS


De esta manera, un cambio al modelo PoS podría ayudar a fomentar una mayor participación de la comunidad en las redes de criptomonedas, así como ayudar a la descentralización. El modelo PoW ha permitido que durante todo este tiempo el verdadero poder de la red como Bitcoin acabe en las manos de unos pocos grupos de “granjas” en unos cuatro países donde la electricidad es prácticamente gratis, creando un oligopolio y desplazando a los verdaderos usuarios. Por lo que mover las redes a PoS equivaldría a un modelo más justo y democratizado.